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Rafael Puente
Vamos a andar

¿Tenemos que escoger entre un imperialismo y otro?

¿Tenemos que escoger entre un imperialismo y otro?
En días pasados salió la noticia de que un grupo de trabajadores de una empresa china (nada menos que la que está construyendo esa ambiciosa carretera que va de Rurrenabaque a Riberalta) denunciaron formalmente el maltrato y explotación de que están siendo víctimas.
 
Concretamente, se quejan del retraso en el pago de sus sueldos, de que no se los abastece de agua potable (¡se les pide que beban de los charcos que se forman de las cunetas!), y denuncian además que al firmar el contrato de trabajo los obligaron a dejar firmada una carta de renuncia (sin fecha)…

La verdad es que cuesta creerlo, pues se supone que estamos en pleno siglo XXI y en un país que respeta, y hace respetar los derechos de los trabajadores, y que si en nuestro país el capitalismo no piensa desaparecer, por lo menos está bajo cierto control. Pero también sabemos que en la China se ha impuesto un capitalismo salvaje, el de las novelas de Dickens, en el que todo vale. Por eso nos explicamos que las empresas chinas (en Bolivia ya famosas y no sólo la CAMCE y la SINOHIDRO) vengan a menudo con sus propios trabajadores, simplemente porque saben que están totalmente dispuestos a dejarse explotar sin contemplaciones; y aquí ya empieza el despropósito de nuestro Estado, que acepta a esas empresas que traen sus trabajadores como si en Bolivia no hubiera abundante mano de obra disponible. Y no sólo eso, ha habido temporadas en que [email protected] [email protected] [email protected] que requerían ser [email protected] en Migración tenían que esperar pacientemente que primero se atendiera a los centenares o miles de chinos que estaban esperando…

¿A qué se dedica nuestro Ministro de Trabajo que no se preocupa de defender a [email protected] [email protected] [email protected]? (Y no sólo a los que trabajan en empresas chinas, también se han visto dramáticamente indefensos, por ejemplo, los de la Coca Cola, cuando la mencionada transnacional no les permitió elegir dirigentes sindicales independientes, y el Ministerio no dijo nada). Pareciera que en general dicho Ministerio sintiera que sólo tiene autoridad sobre empresas nacionales (que son las menos).

Lo que cuesta entender es que nuestro presidente Evo haya llegado a afirmar que "quienes están en contra de las empresas chinas están a favor del imperialismo de los Estados Unidos”.
 
¿Por qué, pues, acaso necesariamente tenemos que escoger entre los diferentes poderes imperiales? Es innegable que uno de los méritos notables de Evo ha sido el de poner en su lugar a la Embajada de los Estados Unidos, hasta el extremo de expulsar al embajador, y, por supuesto, no ha aceptado las imposiciones que se tenían que tragar los gobiernos anteriores, incluso a la hora de nombrar ciertos ministros. 

Hasta ahí, todo muy bien. Pero cuesta entender por qué no podemos tener la misma dignidad e independencia respecto de otros países que asumen actitudes igualmente imperiales (al margen que se titulen socialistas, hace tiempo que sabemos que el hábito no hace al monje).

En los hechos, son numerosas ya las empresas chinas que han jugado sucio, que se han intentado burlar de nuestro Gobierno y ahora aparece ésta, maltratando a sus obreros bolivianos. 

Señores del Ministerio de Trabajo, ¿no son ustedes los responsables de defender a los obreros explotados y maltratados?, ¿no debían ser ustedes los primeros en informar a nuestro Presidente de lo que realmente ocurre con las famosas y cada vez más numerosas empresas chinas?,  ¿no se atreven a plantear ustedes al Gobierno que no queremos ningún imperialismo ni subimperialismo ni yanqui ni ruso  ni chino, ni brasileño? ¿Y la COB? ¿Será que sólo defiende a los trabajadores de empresas nacionales?

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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