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Rafael Puente
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Filemón Escóbar ¡presente!

Filemón Escóbar ¡presente!
El pasado martes por la noche -tras una larga lucha contra el cáncer- murió Filemón Escóbar, histórico dirigente minero, incansable revolucionario y maestro de generaciones. Algunos medios de prensa han repetido que con Filemón se acabó una época entera de dirigentes políticos y sindicales que hicieron historia y que merecen ser recordados. Personalmente quisiera añadir que la figura de Filemón no se "acabó”, sino que debiera seguir viva en la mente de las nuevas y futuras generaciones, ya que su aporte a la vida política del país trasciende etapas históricas  y va más allá de los sentimientos que inspira su muerte.

Filemón no sólo fue un dirigente minero consecuente y un luchador incansable y honesto -lo que ya sería suficiente motivo para rendirle tributo- sino que además hizo específicos aportes a la vida política boliviana que será necesario subrayar y recordar. Personalmente  me atrevo a afirmar que fue el único dirigente y militante que, además de poseer una formación política sólida y amplia (de corte marxista, leninista y trotskista), tuvo el acierto de analizar las sucesivas coyunturas que le tocó vivir, no a partir de la doctrina aprendida y de los ejemplos conocidos de los grandes maestros internacionales, sino a través del análisis concreto de las situaciones concretas en las que se encontró envuelto; lo que lo diferencia de todos sus congéneres, que por lo general se guiaron, más bien, por la doctrina y por los ejemplos provenientes de otros países.
 
Y me parece pertinente citar tres ejemplos ampliamente conocidos:

El primero, fue su actitud frente al gobierno de Juan José Torres, militar él y nacionalista, y, por tanto, poco confiable para los marxistas ortodoxos que (no sin razón) desconfiaban de las posiciones nacionalistas. Filemón, entonces militante del POR, no se detuvo en discutir la doctrina, sino que se concentró en analizar la situación concreta de aquel año 1971 y rompió con su propio partido por afirmar que descalificar a Torres era abrirle las puertas al golpe de Banzer, y la historia le dio toda la razón.

El segundo fue su actitud ante la famosa "Marcha por la vida” que se produjo contra la igualmente famosa "relocalización” de trabajadores mineros bajo el gobierno de Paz Estenssoro (1985-89). En contra de muchas opiniones, Filemón sostuvo que continuar con la marcha frente al cerco militar que ordenara el Gobierno era un suicidio e insistió en levantar la marcha (que no tenía ninguna perspectiva de éxito después del fracaso de la UDP y del triunfo mundial del modelo neoliberal), porque no tendría sentido la muerte inútil de cientos de mineros. Algunos lo calificaron de traidor, pero la historia volvió a darle la razón y a él tenemos que agradecerle una masacre menos en nuestra memoria…

El tercer ejemplo -y el de mayor alcance- fue la rapidez con que entendió el papel que juegan en la sociedad boliviana los pueblos indígenas originarios -y lo dijo él, formado ideológicamente en la doctrina de la dictadura del proletariado- y en consecuencia se dispuso a apoyar a Evo Morales en la construcción de aquel instrumento político llamado MAS -y que acabaría convirtiéndose en partido político-, tarea que llevó a cabo con decisión, creatividad y consecuencia…

Tema aparte es la forma injustificable en la que Evo Morales ordenó la expulsión de Filemón de dicho partido (a partir de una desacuerdo político en el que posiblemente la razón la hubiera tenido Evo, pero que ni siquiera fue objeto de debate) sin reconocerle el derecho a la defensa y camuflando dicho desacuerdo detrás de una calumnia de corrupción política (que después el propio Evo retiraría). Pero más allá de dicha circunstancia, que en la práctica vino a marginar a Filemón del actual proceso de cambio, lo que nunca deberemos olvidar es esa capacidad de Filemón para hacer análisis políticos a partir de los datos de la realidad y no a partir de dogmas o doctrinas, por sabias que sean.

Filemón, amigo y maestro, sigues presente entre nosotros, te lo digo con la convicción y la gratitud de quien fue tu discípulo, tu compañero y tu amigo… Amén.


Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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