La Paz, Bolivia

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Rafael Puente
Vamos a andar

¿Primero el Estado o primero la sociedad?

¿Primero el Estado o primero la sociedad?
En los últimos días se desató un debate en torno a los nuevos y suntuosos edificios del palacio de Gobierno —"Casa del Pueblo” le llaman—, de la Asamblea Legislativa y del Ministerio de Hacienda.
 
El centro del debate era más bien una visión arquitectónica y cultural que daba lugar a argumentaciones interesantes, a explicaciones oficiales y a fundamentadas críticas.

No es que el tema no me parezca importante, pero creo que se ha dicho lo que cabía decir y no tengo nada que añadir, además de que en temas culturales, y artísticos nunca está dicha la última palabra. En cambio, lo que me parece urgente repensar es el aspecto social del tema; es decir, la justificación o no de semejantes presupuestos y, concretamente, en este país nuestro que, si bien ha dado un salto económico nunca visto en la historia, sigue siendo un país comparativa y objetivamente pobre. 

 Y no me vengan con ese porcentaje de población que ha pasado de la "pobreza extrema” (menos de un dólar por persona/día) a la "pobreza moderada” (más de un dólar por persona/día), porque podemos estar seguros de que los analistas que tal afirman no conocen a nadie que viva con digamos 10 bolivianos diarios…

Eso supuesto, lo que parece digno de análisis y debate es la pertinencia de gastar semejante cantidad de millones que no se justifican si consideramos las necesidades primarias de nuestra sociedad, muy concretamente en el campo de la salud. Por supuesto, también es muy importante la educación (pero su mejoría no depende tanto de capacidad presupuestaria sino de criterios pedagógicos).

En cambio, el acceso a servicios gratuitos —o por lo menos baratos— de salud es la mayor limitación que vive la sociedad civil boliviana.  Cierto que en los últimos años se ha construido numerosos hospitales —de diferentes niveles—, pero acabo de leer un informe según el cual la proporción de camas por población no se ha incrementado sino que sigue disminuyendo; es decir que la población aumenta más que los servicios públicos de salud (Gustavo Rodríguez Cáceres dixit) y eso es una tragedia.

 Nuestros hospitales no sólo son pocos, sino que además están abarrotados y hay un montón de servicios que no pueden prestar, y todos los días se sabe de casos dramáticos de personas que no pueden curarse por no poder pagar una clínica privada, en cualquier especialidad que sea, y muchas simplemente se mueren… 

 Por supuesto me parece correcto que el Presidente gaste 20.000 dólares (que son del Estado) en operarse la rodilla o que se haga curar la garganta en Cuba, o que el Ministro de Hacienda se haga tratar en Brasil. Lo que no me parece coherente con la visión de este nuevo Estado (¿Plurinacional?) es que una ciudadana equis no pueda hacer lo mismo que el Presidente o que el Ministro…

 Y ahí viene el tema. Si nuestro Estado no tiene recursos para atender la salud de la población, ¿es coherente que sí los tenga para construir auténticos palacios para organismos estatales? ¿Es realmente más importante facilitar el funcionamiento de la burocracia estatal que facilitar la vida de la gente? ¿No quedamos en que nuestro horizonte era el Vivir Bien? ¿Y se puede considerar que ese Vivir Bien es compatible con morirse por una enfermedad o por un accidente que son curables, sólo que cuestan plata?

Y hablando del tema, ¿se puede justificar que nuestro nuevo Estado desperdicie la solidaridad y la incuestionable capacidad profesional de ese personal médicos cubano que llega a nuestro país dispuesto a todo y se encuentra con que en sus hospitales no hay instrumental, no hay a veces ni el más básico equipamiento?

Parece un tema digno de reflexión y del más intenso debate, ya que los avances económicos, que sin duda está viviendo Bolivia, no pueden ser para que parlamentarios y funcionarios públicos "trabajen mejor” sino para que el conjunto de la sociedad "viva bien”. ¿Qué es primero, la Sociedad o el Estado? ¡Esa es la cuestión!

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
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