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La escaramuza

Trump: la derecha de la izquierda o la izquierda de la derecha

Trump: la derecha de la izquierda o la izquierda de la derecha
Si uno toma una prudente distancia ideológica frente a los resultados en las elecciones norteamericanas podría decirse, con cierta certeza, que Donald Trump engrana en el perfil de los populismos de última cuña surgidos en varios países del orbe. Su posición antisistema, su nacionalismo exacerbado (al punto de desahuciar el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá),  su inclaudicable decisión de proteger primero a los suyos y su explicita búsqueda de enemigos, tanto internos como externos, como fundamento de sus propios exabruptos,  lo ponen en la misma rasante de algunos mandatarios fácilmente catalogados como la expresión de la "izquierda” contemporánea. 

La otra cara de la medalla muestra un Trump racista, excluyente, un frío y calculador magnate dispuesto a trastocar todos los principios democráticos que perjudiquen sus intereses, que son, a no dudar, los intereses de la poderosa y omnipresente burguesía internacional que somete a sus designios los destinos del planeta, un prototipo casi completo de la derecha internacional, de esa plutocracia global que, según Oxfam (2016), concentra en 62 personas más de la mitad de lo que poseen la mitad de los más pobres del mundo (1,76 millones de millones de dólares). Así,  el victorioso Trump se muestra como la derecha de la izquierda, si lo vemos desde una perspectiva, o como la izquierda de la derecha, si lo vemos desde la opuesta. En todo caso, parece evidente que los extremos se unen. 

 Desde esta perspectiva, no tendría ningún sentido decir que Trump es de derecha o sostener que es de izquierda, porque en realidad este tipo de figuras, que son en última instancia la expresión de  tiempos aciagos, ya como representantes de un bando o del otro, sólo se miden bajo el baremo del respeto a los derechos y libertades, que, en la mayoría de los casos, a despecho de ellos, constituye la conquista de la humanidad a lo largo de los últimos tres siglos. 

 En el trasfondo de este dilema, que ahora con Trump en el poder se torna planetario, lo único que puede definir su filiación "ideológica” es, a trocha y mocha, su propia voluntad, y capacidad de respetar los derechos humanos,  abandonar los postulados racistas que lo mueven,  ver si el tejido de sus argumentos abandona el falseamiento de la realidad en aras de la transparencia y la verdad, si su honestidad es capaz de derrotar la corrupción, y si se atreve a ser popular respetando las instituciones que crearon los ciudadanos para proteger sus derechos, más allá del efímero poder de los caudillos.

Desde el discurso oficial de la "izquierda”, que sobrevivió al Muro de Berlín gracias a su repentino apego a los valores de la democracia burguesa, Trump no podría ser considerado miembro honorario de sus filas, con cierta facilidad, más bien, podría calificárselo como fascista. En el discurso del remozado fascismo contemporáneo sería uno de los mejores representantes de la izquierda trasnochada que fracasó en todos sus intentos de forma estrepitosa a lo largo del siglo XX y principios del XXI. 

 En este tortuoso recorrido de la semántica ideológica contemporánea,  mejor le cabe el calificativo de "populista”; ese contubernio híbrido y peligroso que resultó del fracaso de la izquierda ortodoxa, y la miopía histórica de la derecha.

 Los temores que despierta el nuevo Presidente electo de la nación más poderosa del mundo no giran en torno a su excéntrica capacidad política de doblegar los escollos, ni a su  mesiánica vocación por restituir el blanco y excelso  "sueño americano”, ni siquiera en el manifiesto deseo de echar a los inmigrantes, cerrar el paso a los musulmanes, construir otro muro de Berlín, suprimir el derecho a la salud de los más pobres etcétera; se le teme porque encarna todo lo que el poder del "gobierno del mundo”  puede hacer sin brújula ni horizonte. Lo que genera esa incertidumbre que va tumbando las bolsas financieras, es, en última instancia, no saber qué quiere, qué puede, qué debe o qué se le ocurrirá hacer si hoy se levanta con el pie izquierdo o si lo hace con el derecho.

Renzo Abruzzese es sociólogo.
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