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La escaramuza

El efecto mariposa

El efecto mariposa
El "efecto mariposa” hace referencia a las consecuencias impredecibles, y en algunos casos catastróficos, generadas por la alteración de alguna condición inicial en el funcionamiento integral de un sistema. Se dice, en consecuencia, que "el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo”. Desde esta perspectiva, se sostiene que "dadas ciertas condiciones iniciales, la más mínima variación en ellas puede provocar que un sistema evolucione de forma totalmente impredecible, alterando dramáticamente el resultado final”.

 Traspolando esto al análisis de la realidad política y social, sugiere también que las cosas pueden encontrar su punto de quiebre justo allí donde nadie lo esperaba, como en el caso de la crisis del agua, que parece indicar el fin de una hegemonía, final imprevisto y nacido lejos de todo pronóstico.

Todo indica que este "batir de alas” eventualmente podría terminar en una debacle para el régimen actual. Ha movilizado el conjunto de las clases sociales en su contra, para las que la crisis producida por las inaceptables condiciones en la provisión de agua y la ineptitud gubernamental son la mejor muestra de lo que realmente es el gobierno del MAS: un puñado de  constructos ideológicos vacíos, sin ningún referente en la realidad y en una desesperada búsqueda de culpables.

Es altamente posible que las certidumbres que el Gobierno daba por inmutables, su absoluta confianza en el apoyo de una ciudadanía que parecía (al menos en una buena proporción) incondicional y casi eterna, hoy generen -filas adentro- más temores que certezas. En este orden de cosas  es de esperarse que los militantes del partido oficialista no crean ahora ni sus propios discursos. La crisis del agua arrasó en menos de 15 días las bases sociales de las que tanto aprovechó el partido de gobierno y ha condenado al fracaso cualquier intento de reelección presidencial, no sólo porque la ineptitud e ineficiencia gubernamental ha trastocado la normalidad de una vida, que no puede ejecutarse en términos adecuados sin el elemento vital, sino porque, además, ha creado un abismo entre el poder instituido y la sociedad civil.

 Se han abatido los grandes discursos y los millonarios "elefantes blancos” que, ha título de "progreso”, se levantaron en una década. Todos ellos se ven ahora como imágenes inservibles en un país que se desmorona al simple quiebre de una llave de paso.  Para la inmensa mayoría de los ciudadanos -con agua o sin ella-, está claro que los discursos están muy lejos de las crudas realidades y que todas las grandilocuentes narrativas de grandeza, poder, y raza no soportan el aleteo de una mariposa. Bolivia había sido mucho más grande que los multimillonarios presupuestos propagandísticos y mucho más certera a la hora de juzgar a sus gobernantes.

Sería, sin embargo, ingenuo pensar que a Evo Morales le podría  pasar lo que le pasó a Gonzalo Sánchez de Lozada con la "guerra del gas”, y además, sería un error desearlo. Lo último que la sociedad boliviana quisiera frente a la crisis del agua es desatar un periodo de inestabilidad, como el que permitió el ascenso del MAS, pero lo que parece inevitable es que esta crisis ha fijado en la conciencia nacional los límites del poder y ha activado los dispositivos de protesta, más allá de la compleja estructura de intimidación y terror estatal.

En el caso paceño, huelga decir que con cada gota de agua suprimida se van suprimiendo de a poco grandes sectores de la economía del único centro económico del departamento: la ciudad capital. Hoteles, restaurantes, industrias, hospitales, el millonario rubro de la construcción, las posibilidades de un adecuado manejo de la salud pública, la administración eficiente de los centros educativos, etcétera. Se trata de una espiral que apenas empieza y que ha de llevarse consigo, no sólo 10 años de ineficiencia y demagogia, sino, y esto es lo grave, todas las posibilidades de desarrollo regional. Si ante este sombrío panorama, el Gobierno mostrara un mínimo de objetividad y abandonara la soberbia que antepone a toda reacción de la ciudadanía, es posible que el efecto mariposa no lo hiera de muerte. 

Renzo Abruzzese es sociólogo.
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