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La escaramuza

El MAS y su crisis

El MAS y su crisis
Se ha dicho que una crisis ideológica  adquiere visibilidad política cuando su convocatoria muestra claros signos de ineficiencia y los mensajes, que otrora lograban constituir sujetos altamente politizados, se van degradando hasta terminar en mera retórica. Esto suele suceder mucho antes de lo previsto y la razón estriba en que mientras las condiciones materiales, la base económica, la estructura organizativa de la sociedad, el mundo simbólico de un país se transforma en períodos más o menos largos, el discurso que justifica y sostiene esas transformaciones posee una vida muy corta, como si la ciudadanía se saturara de los discursos mucho antes de que la realidad cambie, como hubieran deseado los que detentan el poder hegemónico en un determinado momento. 

Los expertos en todo esto consideran que el aspecto más importante de toda crisis ideológica estriba en la disolución de los agentes (sujetos) que construyen una ideología dominante. Puesto en cristiano: esto quiere decir que si en un determinado momento un partido o grupo político es capaz de persuadir a los ciudadanos de que su interpretación de las cosas es la correcta, muy rápidamente (cinco años, 10 años) estos argumentos se devalúan y se transforman en frases huecas, en mensajes sin el poderoso efecto que tenían cuando fueron creadas.

Cuando esto sucede, los ciudadanos que se identificaban con esos argumentos y creían que ésa era la verdad absoluta, van cambiando su manera de pensar al punto en que llega un momento en que lo que los poderosos dicen ya no refleja su identidad. Ya no comparten esos criterios, esas justificaciones y argumentos. En ese punto el discurso político-ideológico ha perdido hegemonía, ha hecho crisis. 

La razón es que, por lo general, los regímenes hegemónicos agotan su proyecto político en los primeros años de gobierno y, por lo general, también son incapaces (en la mayoría de los casos) de reinventarse ante los ojos de la ciudadanía. Esto le pasó al MNR. En los primeros cuatro años agotó sus propuestas revolucionarias: nacionalizó las minas, hizo la reforma agraria, democratizó la participación ciudadana a través del voto universal, etcétera. En los restantes ocho años más que gobernó fue incapaz de proponer nada nuevo. Recién lo hizo años después con la Participación Popular que, sin duda, fortaleció sus fuerzas, que para entonces ya estaban más que menguadas.

Al régimen del MAS le pasa al go similar. Agotadas las reformas que propuso ante la crisis política que vivía el país, ya sólo se ha dado a la latosa fórmula de repetir sus mismos argumentos. No hay una sola intervención importante, en cualquiera de sus niveles, que no eche mano de las fórmulas que tanto poder le generó el 2006.
En verdad, cualquiera que no haya seguido los diez años de gobierno pensaría que se hicieron del poder apenas hace unas semanas. El discurso masista se repite formando círculos discursivos idénticos, las mismas razones, los mismos culpables, los mismos miedos, las mismas amenazas, las mismas mañas y, en gran medida, los mismos agentes.

Entre tanto, los que creyeron a ciegas en el proyecto del IPSP-MAS en sus albores ya lo han abandonado. Sus mejores ideólogos le dieron la espalda y  sus mayores beneficiarios ahora ya no lo quieren en el poder. Le dijeron no en un referendo. 

Su discurso - dirían los sociólogos - ya no construye sujetos históricos y los que construyó en la primera fase del gobierno ya están en otra dimensión (producto de la inclusión, el desarrollo económico, la emergencia de clases sociales antes invisibilizadas etcétera). La única alternativa es, sin duda, replicar el momento constitutivo (2006), misión imposible, por cierto. No sólo porque la historia no se repite, sino, además, porque el MAS ya hizo todo lo que tenía que hacer. Para bien o para mal,  agotó su propuesta de poder.

La crisis ideológica del MAS no ha terminado de carcomer todas sus entrañas porque, sin duda, es incuestionable la fortaleza carismática de su líder. De ahí que la crisis misma se expresa como  prorroguismo y el caudillo como irremplazable. Esto no pasa cuando una organización política mantiene incólume su estructura ideológica, cosa que no parece caracterizar a nuestro actual partido de gobierno.

Renzo Abruzzese es sociólogo.
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