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Renzo Abruzzese

En torno al "Espíritu de una Época"

En torno al "Espíritu de una Época"

Uno de los aspectos más fascinantes de la sociología y en general de las ciencias que se ocupan de estudiar el comportamiento humano es, sin duda, lo que se ha dado en llamar "el espíritu de una época". Ciertamente, periodos de la historia que suelen cubrir un número variable de años se impregnan de una lectura y de una visión de las cosas y de los fenómenos que transcurren en torno a cada sujeto, cada familia y cada comunidad de una manera especial. Podemos así hablar del espíritu colonial, del espíritu republicano o del espíritu moderno.

Lo que deseamos remarcar cuando utilizamos tan trillada expresión (el espíritu de una época) es que en ese tiempo gran parte de las cosas intangibles que le dan sentido a una determinada forma de actuar o de pensar, es posible, y además comprensible sólo en ese tiempo. No podrían haberse dado antes. Solemos referirnos a esto con la expresión "no había condiciones" para tal o cual manera de hacer o pensar el mundo que nos rodea.

Aunque pocas veces nos detenemos a meditar en esta misteriosa fuerza, su presencia ha marcado el rumbo de la historia. Sólo cabría recordar acontecimientos de una importancia tan grande como el fin del socialismo real, encarnado en la mítica Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, que terminó tristemente sus días con la épica caída del Muro de Berlín. No sirvió de absolutamente nada que el régimen soviético intentara intoxicar las conciencias de millones de ciudadanos, bajo el implacable poder Lenin, Stalin, Nikita Khrushchev o el resto de sus gobernantes, con una propaganda sistemática, ininterrumpida, multimillonaria y "científicamente" diseñada para que ni el más leve punto de inflexión el espíritu democrático de la modernidad echara por tierra el omnipresente superpoder del totalitarismo ruso.

Algo similar pasó con el fascismo italiano de Mussolini o el nazismo de Hitler, con toda su carga propagandística, con toda la violencia con la que se proyectaba y ejercía. A pesar de las políticas de exterminio, a despecho de todo, se vieron finalmente derrotadas, porque el espíritu democrático que acompaña el desarrollo de la modernidad resultó más fuerte que todos los intentos por doblegar los derechos que la humanidad conquistó con la Revolución francesa.

Es tan poderoso el influjo de este "espíritu" que ni un solo intento por someter la sociedad, ya fuese por un sentido de raza, por un interés político, por la hegemonía económica de una clase, por un sentido etnocéntrico de la cultura o lo que fuese, resistió su embate. La historia universal, desde el siglo XVII a nuestros días, es un testimonio de ello.

La fascinación que este "espíritu epocal" despierta en los interesados en el estudio de la historia social de la humanidad radica en que cuando lo aplicamos a una situación geográfica, política, económica o cultural (una comunidad, un país, un continente, etcétera) gran parte de los azares y sobresaltos, de las violencias y los odios, desplegados en un determinado momento, si no encajan en este poderoso influjo (figurativamente llamado el "espíritu democrático" de la modernidad) terminan siempre como un intento fallido y están condenados a perecer.

Renzo Abruzzese es sociólogo.

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