La Paz, Bolivia

Viernes 21 de Julio | 10:53 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
La escaramuza

Sociedades digitales

Sociedades digitales
Una de las consecuencias más visibles del brumador desarrollo de la ciencia y la tecnología a lo largo del último siglo, ha sido sin duda la necesidad de crear instituciones que acompañaran el poderoso empuje de la racionalidad tecnológica que se apropiaba del mundo e ingresaba de formas inéditas en la propia estructura de la privacidad humana. La veloz diseminación del internet y la creación de dispositivos y tecnologías de comunicación instantánea, la automatización y robotización de la producción y un afinamiento personalizado de los mecanismos de control social cibernético, transformaron la vida social, política, cultural y económica de prácticamente todas las sociedades del planeta. Estas dramáticas consecuencias aportaron insumos que van desde el desarrollo de las técnicas quirúrgicas y diagnósticas a las formas más sofisticadas de desarrollo tecnológico espacial. La llegada del hombre a la Luna, hecho posible con un ordenador de abordo cuya memoria es apenas un décimo de la de cualquier celular personal moderno, o la maravilla de los instrumentos de localización satelital como el GPS, comparándolas ahora con las tecnologías de apenas cincuenta años atrás, dejan aquellas maravillas admiradas por nuestros padres como avances de una magnitud casi prehistórica. 

La interconectividad ha alcanzado niveles fuera de serie, prácticamente todos los actos que permitían una relación social "face to face” están siendo sustituidos por aplicaciones informáticas que permiten una relación sin límite de distancia ni tiempo. El WhatsApp es sin duda una de sus expresiones más visibles. Como todo tiene  su lado bueno y su lado malo, por cada avance científico que potencializa nuestra eficiencia van quedando en desuso un conjunto de actitudes y modalidades de relación social que, hasta no hace mucho, hacían parte de las normas de educación y convivencia, a lo que se suma una cuota parte de soledad humana.

Lo que se conoce hoy como la "sociedad digital” hace referencia precisamente a este fenómeno caracterizado por una merma cada vez más aguda en la necesidad de consolidar lazos de naturaleza humana de forma personalizada. Hoy no es ya una curiosidad enamorar por internet, hacer el amor en línea, comprar o vender productos, difundir chismes o noticias. Buscamos amigos, conocemos gentes, aprendemos disciplinas, compartimos información científica, afectiva y hasta criminal digitalmente. La presencia personal es cada vez un requisito menos importante.  Sociológicamente,  esto comporta un déficit peligroso si consideramos que la unidad básica de la reproducción de la sociedad y la cultura es posible únicamente cuando la interacción social se nutre de sentido, la comunicación digital es en esencia polisémica y en consecuencia el sentido de cada mensaje está siempre sujeto a condiciones totalmente ajenas al emisor o al receptor. Desde esta perspectiva,  la calidad de las relaciones humanas depende de lo que nuestros interlocutores entienden e incluso de la calidad y sofisticación del dispositivo utilizado. Frente a estos déficits las generaciones que nacieron en el mundo digital desarrollaron esquemas cognitivos que les permite inferir un estado de ánimo sólo a través de un breve mensaje digital o una iconografía especialmente diseñada con este fin, lo que se conoce como "calor humano” de una relación tiende a ser un resabio de la sociedad pre-digital.

Todo este complejo sistema de consecuencias humanas derivadas de la informatización de las relaciones humanas se aprecia mejor si consideramos que algo más de tres mil millones de personas están interconectadas diariamente y que siete mil millones de personas (cerca de tres cuartas partes de la población mundial) hacen uso cotidiano de dispositivos móviles inteligentes en la actualidad, según un reciente estudio de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT; 2015)

Este estado de cosas exige un replanteo de la mayor parte de los paradigmas en los que la sociedad fundó su propio desarrollo en los marcos de la modernidad. La sociedad digital nos plantea el desafío de repensar las formas de sociabilidad en la familia, en el trabajo, en las maneras de articular el tejido social que sirve de soporte a nuestra existencia cotidiana. Las universidades y las instituciones culturales y las formas en que las dinámicas del Poder lograban consolidar sociedades en el concierto de un planeta cada vez más chico, a pesar de su diversidad y enormidad, son, sin duda, el mayor desafío de estos convulsionados tiempos.

Renzo Abruzzese es sociólogo.
41
1
Comentarios

También te puede interesar: