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Entre ceja y ceja

Un cisne negro en Colombia

Un cisne negro en Colombia
Perplejidad y asombro son las dos palabras que más se repitieron luego de conocerse los resultados del plebiscito convocado por el Gobierno de Colombia para ratificar o desestimar los acuerdos del Estado con las FARC. Las encuestas y los analistas vaticinaban un triunfo abrumador de la opción del Sí y No advirtieron el sentimiento oculto de millones de colombianas y colombianos, que a la postre definieron que la balanza se incline levemente por el No.

 Desde mi punto de vista, lo que pasó en Colombia fue un "cisne negro”; vale decir, de acuerdo a la teoría formulada por el matemático libanés americano Nassim Nicholas Taleb, la ocurrencia de un fenómeno muy difícil de predecir que tendrá consecuencias muy importantes, y que solamente puede ser explicada con posterioridad. Los "cisnes negros” son eventos que casi nadie ve venir, pero que luego que suceden, una multitud se vuelca a explicarlos, no sin cierta dosis de desfachatez, tal como está sucediendo, desde el domingo por la noche, en Colombia y en el resto de la región.

 Ganó el No estrechamente, pero también inobjetablemente, tal como establece la regla democrática de la preeminencia de un resultado, aun cuando éste fuera por la diferencia de un solo voto. La abstención fue mayor al 62% y la diferencia de votos, porcentualmente, fue de 0,4%, equivalente a 46.000 votos, en un universo de 38 millones de electores potenciales y de 13 millones de votantes efectivos. Cualquier movimiento en las cifras, por ejemplo, en los votos nulos o blancos podría haber dado la victoria al Sí y hoy los análisis, y balances de importantes opinadores, serían completamente diferentes.

 No se puede saber con certeza por qué ganó el No. ¿Fue el rumbo inopinado que tomó el huracán Mattew, provocando que todos los departamentos de la anegada costa norte, que votaron mayoritariamente por el Sí, tuvieran un porcentaje de participación inferior al promedio nacional (las participaciones más bajas se dieron en La Guajira 19%, Atlántico 24% y Bolívar 23%)? 

¿O fue el empecinamiento inexplicable del presidente Santos por ratificar en un referendo los acuerdos, sin que exista obligación legal de hacerlo (ratificando el principio básico de que en política no hay que hacer nada demás que no sea estrictamente necesario)? ¿O fue demasiado para alguna gente ver a Timochenko como un beatífico héroe vestido de blanco, en medio de reyes y presidentes? ¿O tal vez resultó definitoria la tozudez y constancia del expresidente Álvaro Uribe, que puso en juego todo su prestigio para convencer a sus compatriotas que podrían aspirar a una paz, sí, pero no así?  

 La verdad es que yo no podría afirmar categóricamente que alguno de estos elementos (o todos juntos) hubieran influido para que la gente se incline mayoritariamente por el No. Por el contrario, tengo cierta claridad de las razones y sentimientos que llevaron a la mitad del electorado a decantarse por el Sí. Creo que la ciudadanía que votó por aprobar los acuerdos, lo hizo fundamentalmente como un acto definitivo para poner fin a la guerra. Esta gente asumió que los acuerdos imperfectos, a los que se llegaron con las FARC, eran un precio que era preferible pagar a continuar con el conflicto. Pesó más, en ellas y en ellos, el deseo de cerrar la página de la violencia y de abrir las puertas para la reconciliación nacional. No ganaron, pero estuvieron a un tris de ganar. Les faltó menos de un centavo para completar los 100 pesos.

 ¿Qué sucederá ahora? Las voces serenas y sensatas del presidente Santos, del expresidente Uribe y del estado mayor de la FARC nos permiten la ilusión de la esperanza. Todos los actores políticos del posplebiscito coinciden en que no se puede desandar lo conseguido y que se debe concertar un ajuste sustancial de los acuerdos. Depende ahora de la autenticidad de voluntad de paz de estos actores que las colombianas y los colombianos recuerden al "cisne negro” del 2 de octubre como una anécdota para contar a las nietas y a los nietos. 

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.
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