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Entre ceja y ceja

¿La historia lo absolverá?

¿La historia lo absolverá?
Él era la esperanza, el sueño hecho realidad, la revolución romántica, la victoria de la voluntad sobre el destino, el amor del pueblo por la libertad … Él era el mesías, el mensajero, la suma de las ilusiones, en fin, él era FIDEL. 

 El 25 de noviembre de 1956, exactamente 60 años antes de morir, con ocho decenas de guerreros iluminados, se lanzó a la mar desde México, surcando el río Tuxpan, para desembarcar, el 2 de diciembre, en Los Cayuelos, muy cerca de la playa Las Coloradas, en su Cuba natal. Tres días después entablaron su primer combate en Alegría del Pío, donde parecía que todo había fracasado. Mas, la tenacidad y convicción de Fidel, el Che Guevara y de otro par de decenas de sobrevivientes pudieron sobreponerse al mensaje aciago de la fortuna y, a fuerza de arrojo, se internaron hacia la Sierra Maestra, desde donde, luego de dos años de enormes sacrificios y cruentos combates, ingresaron triunfantes a La Habana, al mismo tiempo que se inauguraba el año de 1959.

 Entonces llegó la REVOLUCIÓN, con mayúscula, con todas sus glorias: salud, educación y trabajo para todos, igualdad, equidad y dignidad; y, claro que sí, REVOLUCIÓN con mayúsculas también, con todas sus miserias y excesos: fusilamientos masivos de "contrarrevolucionarios”, acusados de conspirar en contra de la "Patria nueva”, perseguidos políticos por pensar y actuar diferente, un sistema de delaciones y control social basados en el terror y una gestión económica desastrosa.

 58 años cumplirá la REVOLUCIÓN dentro de unos días. 58 años sin elecciones libres, sin órganos de poder independientes, sin ejercicio pleno de las libertades ciudadanas, sin derecho a la disidencia, con un país y una sociedad empobrecidos. 58 años de los cuales gobernó Fidel cerca de 50 con mano de hierro.

 58 años cumplirá la REVOLUCIÓN dentro de unos días. 58 años tras los cuales Cuba ocupa el primer lugar de inversión en educación del mundo con respecto a su PIB y que, en 1961, fue proclamada primer país de Latinoamérica y el Caribe libre de analfabetismo. 58 años para que hoy la esperanza de vida de los cubanos sea de 80 años en las mujeres y 76 años en los hombres, para que exista un médico por cada 133 habitantes y la mortalidad infantil sea de cuatro por 1.000 nacidos vivos. 58 años para que Cuba sea una potencia deportiva y cultural.

 Pues bien, todo eso junto y revuelto es la REVOLUCIÓN. Por ello, ahora que ha muerto el conductor, el hombre símbolo, las opiniones y posiciones al respecto son tan diversas, y tan encontradas. Abundan en estos días los panegíricos, los homenajes y las adulaciones, pero también los insultos, las descalificaciones y abominaciones. Fidel, como todos los grandes personajes de la historia, divide, provoca pasiones, alineaciones y alienaciones.

 ¿Se puede, en este contexto de antagonismos, intentar la objetividad, la mirada ecuánime o por lo menos evitar el exceso y el ditirambo? Creo que sí. Podemos tratar de comprender a Fidel como el gigante político que fue, sin caer en la tentación del endiosamiento. Podemos analizar al Fidel autoritario y díscolamente aferrado al poder, sin execrarlo ni maldecirlo. Fidel fue un producto de su época y debemos entenderlo en su contexto. Derrocó una dictadura, pero instauró otra. Liberó a su pueblo, pero después lo volvió a encadenar. Realizó su peculiar socialismo tropical, que produjo maravillas como la nueva trova y buena vista social club y, paradójicamente, reprimió artistas a diestra y siniestra.

 Especialmente para parte de mi generación (yo nací precisamente en 1959), Fidel fue una figura omnipresente y definitiva. Lo admiramos hasta el delirio y personificamos en él a la perfección revolucionaria, para después, poco a poco, ir bajándolo hasta la altura de nuestros ojos y descubrir al hombre defectuoso y contradictorio que fue (como todos). Su muerte nos comprueba, una vez más, que más allá de miserias y grandezas, en los grandes personajes lo que queda es el testimonio del claroscuro, materia de la que ellos, aunque no se crea, también están hechos.

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.
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