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Entre ceja y ceja

2017

2017
¿Qué nos depara el 2017 en materia política a las bolivianas y a los bolivianos? Sin duda, un año muy movido que marcará nuestra historia y definirá en buena medida nuestro futuro inmediato. La escena estará dominada por la prematura electoralización a la que nos conduce el actual gobierno, debido, principalmente, a la insensata decisión de buscar, una vez más, la repostulación inconstitucional del ciudadano Evo Morales a la presidencia del Estado.

A mediados del próximo año se cumplirá también la primera mitad del actual período constitucional, lo que habilitará la posibilidad de ejercitar las revocatorias de mandato del Presidente, Vicepresidente, senadores y diputados. Ésta podría ser, como en el pasado, la tabla de salvación de las autoridades. Si algún funcional -apuesto doble contra sencillo que existirá- promueve dichas revocatorias, la oportunidad será tomada al vuelo por el Gobierno para oxigenarse y volver a legitimarse. Esta coartada podría resultar la antesala ideal para, sin incómodos e imprevisibles referendos, buscar la habilitación de Evo Morales mediante "interpretación del derecho preferente” por parte del Tribunal Constitucional.

Estoy seguro, porque ya lo estamos escuchando de manera cotidiana y creciente, que muchas voces se alzarán pidiendo el revocatorio del Presidente, Vicepresidente y los asambleístas, arguyendo que la corrupción e ineficiencia del régimen son insoportables y que "el país ya está maduro” para dar fin con el ciclo masista. Se invocarán valores excelsos, se hablarán de dignidad y libertad, tildándonos de tibios o, peor, de filomasistas, a los que nos opongamos al despropósito. Tiemblo de pensar que se imponga esa visión perversa, porque creo que es realmente la única chance que tiene el MAS para reciclar su vigencia.
 
2017 es además el año de la renovación de nuestras más altas autoridades judiciales. El malhadado invento boliviano de la elección de magistrados por voto popular podría ser ejercitado nuevamente, ante la impavidez ciudadana y la instrumentalización grosera de parte del Órgano Ejecutivo. Si así fuera, de nada habrán servido los escándalos, los carteles de la extorsión, los abusos cotidianos y la vergüenza internacional que sufrimos estos últimos años; igual "nomás” participaremos de la fantochada de la "selección” de postulantes en la Asamblea y de la posterior consagración de los "elegidos” mediante el sufragio.
 
Podría resultar otra anécdota sin mayor importancia que, nuevamente, y esta vez seguramente con márgenes mucho más amplios, el voto nulo y el voto en blanco superen a los votos válidos. Total, podríamos tener un nuevo Tribunal Constitucional sumiso al poder político y listo para estrenarse "interpretando” el "derecho preferente” de Evo Morales a la repostulación.
 
Sin embargo, existe la esperanza de que la resistencia democrática, pacífica, pero contundente de la ciudadanía, genere escenarios menos catastróficos para la colectividad. Podría suceder que los pedidos de revocatorios no prosperen y se archiven sin ser ejecutados. Eso demostraría enorme madurez del pueblo y claridad dentro de las fuerzas democráticas.
 
Podrían -estamos a tiempo todavía- evitarse las elecciones por voto universal de los magistrados y obligar al Gobierno a suspender dichas elecciones indefinidamente (hasta que existan condiciones para reformar la Constitución) para reemplazar las actuales autoridades mediante un esquema surgido de un gran acuerdo nacional que priorice la selección meritocrática y la idoneidad de los nuevos jueces.
 
En fin, recibimos el año con una mezcla de aprehensión y moderada ilusión. Deseamos fervientemente que todas las controversias, por más serias y definitivas que parezcan, se resuelvan por vías pacíficas, y consensuadas. Ojalá que los apóstoles de la violencia y los señores de la guerra no tengan éxito en sus provocaciones y pulsiones. Hago votos para que en 2017 recordemos, más que nunca, la sabia sentencia de Sergio Almaraz Paz: "Ni la idea más grande vale más que la vida del más humilde de los hombres”.

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.
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