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Entre ceja y ceja

Venezuela hora cero

Venezuela hora cero
Por fin la Asamblea Nacional venezolana, de mayoría opositora, aprobó una declaración de "abandono del cargo” del presidente Nicolás Maduro. Independientemente de la pulcritud legal de esa resolución (en los hechos es evidente que Maduro está ejerciendo el cargo de Presidente), el mensaje político es inequívoco: la oposición democrática no está dispuesta a esperar hasta 2019 para que el chavismo deje el poder.

La situación económica y social de Venezuela ha sido calificada como de extrema gravedad. Hay quien habla de una verdadera "crisis humanitaria” debido a la carencia de alimentos, medicinas, servicios básicos, etcétera. Se trata de un contexto explosivo en el que se desarrolla una encarnizada lucha política que libran los herederos de Chávez por mantenerse en el poder. 

 Al no existir mecanismos constitucionales de renovación extraordinaria y anticipada de los mandatos populares (revocatorio), la oposición se ha visto obligada a recurrir a una figura forzada para obligar a la realización de nuevas elecciones. No se trata de un "golpe de Estado”, como quiere mostrar el régimen, ya que no se plantea la sustitución de facto del Gobierno, sino la convocatoria a nuevos comicios para que sea el pueblo el que instituya nuevos gobernantes. Obviamente que esta salida ha sido inmediatamente desestimada por Maduro, que ordenó al máximo tribunal de justicia el bloqueo de la implementación del proceso decidido por la Asamblea: una pugna de poderes que refleja el estado de apronte de las partes en conflicto.

 Mientras tanto, el sistema interamericano no termina de decidir, como corresponde y lo solicitara hace meses el secretario General de la OEA, Luis Almagro, la activación plena de la Carta Democrática. Esta es una responsabilidad que viene eludiendo de manera irresponsable la región, ya que la situación podría derivar vertiginosamente hacia la violencia y el descontrol.
 
Sobre todo, los países más cercanos y con mayores vínculos históricos, y emocionales con Venezuela, como es el caso de aquellos de la subregión andina, debieran intervenir de inmediato. Utilizo de exprofeso la palabra "intervención”, porque de eso se trata, una intervención a tiempo para evitar la conflagración fratricida y el luto en la familia venezolana.

 ¿Qué podemos esperar para los próximos días en el desarrollo de esta crisis de dimensiones incalculables? Casi seguro una extrema polarización de las partes, inviabilidad de un diálogo que busque salidas pacíficas, violencia callejera y endurecimiento del régimen; persecución política, y mayores penurias económicas para el pueblo. Sin embargo, también podría generarse un sacudón de las principales instituciones que derive en un resquebrajamiento del sustento del Gobierno y permita una pronta transición democrática. Para nadie es desconocido que Maduro se mantiene en el poder casi exclusivamente por el apoyo de las Fuerzas Armadas; si éstas empiezan a retacear su respaldo, la situación podría virar dramáticamente en favor de la oposición democrática.

 En todo caso, el papel de la comunidad internacional será decisivo en las siguientes horas. No sólo lo que haga o deje hacer la OEA, como ya mencionamos, sino factores nuevos, como la actitud que asuma la nueva administración estadounidense a la cabeza del Presidente Trump, y también el sistema de las Naciones Unidas, con su flamante secretario Antonio Guterrez, que ya no puede seguir mirando al costado como hasta ahora.

 Pero de todos los factores involucrados en la crisis, sin duda que el principal es el relativo a la unidad de la oposición. Se han visto, en ese sentido, señales muy preocupantes que apuntan a rencillas incomprensibles e inoportunas entre los componentes de la Mesa de Unidad. Sería terrible que precisamente ahora, cuando el pueblo está a punto de lograr el retorno a las libertades públicas y a la vigencia plena del Estado de Derecho, que el proceso fracase por obra de una implosión interna de las fuerzas democráticas. Sería francamente imperdonable.

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.
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