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Entre ceja y ceja

Una ley imprescindible

Una ley imprescindible
El Tribunal Supremo Electoral, a través del vocal José Luis Exeni, nos informa que se dará inicio a un proceso de construcción participativa de una nueva Ley de Organizaciones Políticas. Es una gran noticia para la salud democrática del sistema de representación en Bolivia, puesto que llevamos un desfase de casi dos décadas en relación con  este asunto cardinal. Las actuales leyes de partidos políticos y de agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas están lejos de reflejar el momento institucional que vivimos y se presentan insuficientes, y caducas ante los desafíos que tendremos en materia electoral los próximos años.

 Exeni afirma que se han identificado algunos ejes temáticos para iniciar el trabajo de construcción y concertación: democracia interna, criterio de alternancia, financiamiento, requisitos para habilitación, transfugio y sectores indígenas. Esto, por el momento, aunque con buen criterio, se explica que en el transcurso de los trabajos se podrá incorporar otros ejes a la discusión.

La metodología implica la organización de nueve talleres departamentales, invitando a actores sociales y políticos; esperamos de manera amplia y sin discriminaciones de tipo alguno. Una norma de esta naturaleza requiere el consenso de todas las fuerzas políticas y el beneplácito de la sociedad. Sin legitimidad de origen, una nueva ley de organizaciones políticas no podría servir al objetivo para el que está siendo elaborada.

Ahora bien, sin duda que el tema de la democracia interna es el que requiere de una mayor atención y, por ende, de una resolución adecuada que cubra las expectativas de la ciudadanía.
 
La gente está cansada de soportar a organizaciones políticas cerradas que no promueven la democracia interna y menos admiten, con tolerancia, la disidencia, y el debate intestino. 

Prácticamente no existen mecanismos de elección democrática de candidatos y si los hay éstos son burlados o considerados molestosos requisitos burocráticos. Se trata, sin duda, de un atavismo de nuestra cultura política a la que le cuesta avenirse a modelos más participativos y ciudadanos en la gestión de la representación.

Es a partir de aquella constatación que, de un tiempo a esta parte, he venido promoviendo la necesidad de generar un cambio radical en la manera de encarar la democracia interna. Con herramientas y mecanismos novedosos, probados en otras latitudes, y que claramente nos pueden ayudar a superar los problemas de legitimidad y reputación de la política en nuestro país.
 
Uno de estos mecanismos son las denominadas Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (PASO), que, por lo menos en la República Argentina, donde nacieron y ya se vienen implementando hace varios años, han logrado resultados notables, y positivos.

Las PASO implican unas elecciones previas a la elección general (unos meses antes) y son primarias, porque en lugar de definirse cargos, primero se determinan las candidaturas oficiales.
 
Son abiertas porque todos los ciudadanos participan en la selección de candidatos, estén o no afiliados en algún partido político; son simultáneas ya que todos los precandidatos, de las diferentes organizaciones políticas para las distintas posiciones, dirimen su postulación para la elección general en simultáneo la misma fecha y en el mismo acto eleccionario. Son obligatorias para todos los ciudadanos y para todos los partidos, y alianzas que pretendan competir en las elecciones, aún para aquellos que presenten una única lista de precandidatos.

La incorporación de las PASO en la nueva de ley de organizaciones políticas supondría una verdadera transformación cualitativa en nuestra forma de concebir la democracia interna de las organizaciones, pero por sobre todas las cosas significaría que la ciudadanía tendría una herramienta concreta y eficaz para hacer valer su opinión, y decisión. Sería un ganar, ganar para todos. Ganaría el sistema democrático, las organizaciones y la gente, pero, por sobre todas las cosas, revalorizaríamos la representación política, tan venida a menos en los últimos tiempos.

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.
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