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Entre ceja y ceja

La confesión del fin del mundo

La confesión del fin del mundo
América Latina está conmocionada debido a las revelaciones cotidianas, que sobresaltan al mundo político, del más grande escándalo de corrupción que tengamos memoria. Lo que empezó como la investigación del "Lava Jato” y que continuó con "Odebrecht” y que ahora amenaza con extenderse, como una negra mancha de petróleo, sobre la mayoría de naciones de nuestro continente, tiene en vilo a gobiernos y ciudadanos.

 Como sabemos, la investigación de la justicia brasilera descubrió una gigantesca red de corrupción, en la que ejecutivos de Petrobras, conjuntamente con los empresarios más notables del área de la construcción de ese país, robaron miles de millones de dólares y extendieron su influencia mafiosa a varias naciones vecinas. La corrupción infectó buena parte de los países latinoamericanos y actualmente está siendo investigada en Brasil, Argentina, Perú, Ecuador, Venezuela, El Salvador, Colombia y Panamá. 

 Las principales empresas constructoras brasileras financiaron con el dinero sucio de la corrupción buena parte de las campañas electorales, de decenas de candidatos presidenciales, durante las últimas décadas, en Brasil y en otros países de Latinoamérica. Prácticamente todos los presidentes brasileros vivos están en estos momentos siendo investigados debido al presunto origen ilícito de sus fondos de campaña. 

 Se presume que en todos los países donde las grandes empresas constructoras brasileras operaron, a tiempo de obtener dolosamente licitaciones y concesiones y distribuir coimas a todo nivel, se dedicaron a promover políticos y financiar campañas electorales, envileciendo cientos de procesos. En Argentina, Perú, Colombia, Ecuador y Panamá el escándalo ya ha salpicado a varios exmandatarios que fueron imputados formalmente por sus respectivos ministerios públicos.

 La más reciente novedad de esta monumental desvergüenza transnacional es la denominada "confesión del fin del mundo”, en la que 77 ex altos funcionarios de "Odebrecht” prendieron el ventilador, denunciando a cientos de empleados públicos, en varios de nuestros países, que recibieron sus respectivas coimas por favoritismos y tráfico de influencias. Estas declaraciones, obtenidas gracias a un peculiar sistema de "delación premiada”, están siendo conocidas por el público latinoamericano a la manera de una teleserie, por entregas, en la que cada revelación resulta más sorprendente que la anterior, debido a la jerarquía y fama de los actores.

 El sistema de sobornos se extendió a países de África además de los ya mencionados en América Latina. Según un informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos, a partir de 2001 "Odebrecht” pagó en coimas 788 millones de dólares a funcionarios gubernamentales y partidos políticos en estos países.

 Lo que más llama la atención, en este concurso de desvergüenza descomunal, es la penetración de este esquema de corrupción en la decisión soberana de los pueblos para elegir a sus gobernantes. Los testimonios de dos de los más grandes "gurús” de la consultoría política moderna, los brasileros Joao Santana y Duda Mendonça mostraron la punta del iceberg al exponer impúdicamente el financiamiento de las grandes constructoras brasileras a decenas de campañas latinoamericanas. Santana está preso condenado a ocho años de cárcel y Duda es testigo especialísimo de la Fiscalía brasilera.

 Las delaciones de 77 exejecutivos de "Odebrecht” ya fueron convalidadas por la presidenta de la Corte Suprema, Cármen Lúcia, y están ahora en manos de la Fiscalía General. Las revelaciones continuarán ahora con las otras empresas constructoras brasileras. Por ejemplo, OAS, que en Bolivia se adjudicó las carreteras de Potosí a Tarija, Potosí a Uyuni y de Villa Tunari a San Ignacio de Mojos, es la empresa que sigue en la lista. 

 La "confesión del fin del mundo” ha desnudado la "corrupción del fin del mundo”. Es de esperar que, cuando la mancha negra traspase nuestras fronteras, nuestro Ministerio Público y nuestros jueces actúen con la celeridad, valentía y aplomo de sus pares latinoamericanos.

Ricardo Paz es sociólogo.
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