La Paz, Bolivia

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Ricardo Paz Ballivián
Entre ceja y ceja

Corría como peruano

Corría como peruano
Pululan las sirenas, llegan un par de patrullas, los policías se aprontan, el vecindario es un caos, todos gritan y hablan a la vez. La sucursal del Banco ha sido asaltada a plena luz del día. Hay cientos de testigos que vieron cómo los avezados delincuentes se dieron a la fuga. Poco a poco se calman los ánimos, los oficiales han seleccionado una decena de vecinos para tomarles declaraciones. Ante la pregunta obligada de la descripción de uno de los asaltantes, un vecino responde con el rostro serio y la voz grave: "no lo vi bien, pero corría como peruano”.

 La sorprendente sentencia cometida por este ciudadano se ha convertido en el más crudo testimonio de los horribles despuntes xenófobos que adornan nuestras prácticas culturales cotidianas. ¿Cómo podría correr un peruano? ¿parecido a un chino? ¿muy diferente a un sueco? Un verdadero absurdo que podría resultar simplemente jocoso, si es que no implicara el prejuicio arcaico y peligroso que es.

 De la xenofobia nacen el racismo, la discriminación, la intolerancia, las "limpiezas étnicas” y toda suerte de espantos que han ensangrentado la humanidad desde tiempos remotos. De hecho, hoy el mundo asiste estupefacto -en el centro de la muy moderna y civilizada Europa- a confrontaciones de ese carácter. 

 La xenofobia, hija predilecta del chauvinismo, es causa directa de la mayoría de las guerras contemporáneas en África y el Medio Oriente, mantiene desunidas a naciones que juntas podrían superar sus problemas y provoca más destrucción, y muerte que todas las plagas y desastres naturales juntos.

 Nuestra xenofobia en contra de los ciudadanos peruanos resulta especialmente incomprensible, dada nuestra condición de nacionalidad agredida y vapuleada por este mal en otros países vecinos al nuestro. Cualquier boliviano que haya vivido un tiempo en Argentina o Chile sabe de lo que hablamos. Los "bolitas” somos tratados como escoria, verdaderos parias en las catacumbas de la sociedad bonaerense o santiaguina. Entonces, ¿por qué nuestra actitud? ¿Es una venganza para sentirnos mejor? ¿Representa acaso aceptación a nuestra supuesta inferioridad respecto de los sureños y, por lo tanto, superioridad en relación a los vecinos del otro lado del Titicaca?

 Parte fundamental de nuestra educación cívica debe dedicar sus esfuerzos a combatir esta lacra, empezando por aceptar la realidad. Todavía hay mucha gente que piensa que no existe la tal xenofobia contra los ciudadanos peruanos y cree que -en verdad- el problema es que nos hallamos inundados de maleantes de esa nacionalidad. Para ellos es bueno que sepan que en Bolivia viven, trabajan y aportan al país -de manera honrada y sacrificada- miles de peruanos por cada uno o dos que le hacen daño a su comunidad delinquiendo. Que algunas personas le hagan un flaco servicio a su país no nos debe hacer perder de vista esa realidad.

 Perú y Bolivia son dos naciones hermanadas por la cultura, la historia, la economía y la sociología. Nuestro momento cumbre, para ambos países, fue sin duda la Confederación Perú–Boliviana del siglo XIX. La Confederación duró sólo tres años, de 1836 a 1839, pero mostró toda la potencialidad de la unidad. Andrés de Santa Cruz Calahumana  representa, en este sentido, la sinergia que puede llegar a producir la acción conjunta de nuestros dos pueblos.

 Hoy, en pleno 2017, cuando discutimos nuevamente las opciones para la entrada y salida de productos y mercancías a nuestro país desde el océano Pacífico, resulta imperativo poner sobre la mesa, de manera audaz y creativa, un relanzamiento de nuestras relaciones con Perú. Y esto sólo será posible en la medida en que nos reconozcamos como iguales, superando los estigmas y desconfianzas. 

 El lago Titicaca, el puerto de Ilo, las carreteras internacionales que nos conectan  deben ser objeto de proyectos nuevos y vigorosos en los que apostemos a una integración cada vez más sólida.
 
Empecemos por casa, este 28 de julio, abrazando a nuestros hermanos peruanos, agradeciendo su presencia y aporte a nuestro país.

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.
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