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Atando cabos

Diálogo social hasta las últimas consecuencias

Diálogo social hasta las últimas consecuencias
Desde hace muchos años varios analistas del mercado de trabajo se han referido al diálogo social como la herramienta que puede conducir no sólo a encontrar soluciones a determinados problemas de las relaciones laborales, sino también para encarar con una mejor perspectiva el desarrollo económico y social del país. Sin embargo, todas las recomendaciones y/o análisis de casi todo el conjunto de analistas cayeron en un saco roto. Éste no se dio a ningún nivel.

Nunca antes se hizo necesaria la práctica del diálogo social como cuando el Gobierno, unilateralmente, como lo declaró el Presidente, decidió otorgar a los trabajadores un segundo aguinaldo. También se hizo añorar cuando   se tomó la decisión, con base en lo dispuesto en el decreto que dio inicio a dicho beneficio, de no pagarlo este año.

Tanto los trabajadores como los empleadores históricamente han rechazado el diálogo social cuando no les "conviene” a sus intereses o, a la inversa, lo demandan cuando les "conviene”.
 
 Hace unos años, los empleadores, seguros de coincidir en criterios con los ejecutores de las políticas económicas y sociales, no concurrían a las invitaciones a participar en los procesos de diálogo; ahora les toca a los trabajadores, pero no sólo que no concurren sino que vetan la participación de los empleadores en alguna negociación con el Gobierno. 

El diálogo social, como lo dije varias veces, no sólo es concurrir a una mesa de negociación, sino que también es consultar a uno o varios actores que tienen interés en un tema determinado.
 
 Muchas veces la parte de la solución del problema es la consulta, pues sólo con eso los actores se consideran satisfechos. 

También este instrumento de concertación muestra su importancia en temas como el segundo aguinaldo, debido a que se enfrentan nítidamente dos intereses contrapuestos, pues lo que ganan los trabajadores  lo hacen a costa de los empleadores; o lo que ganan los empleadores repercute negativamente en los trabajadores.

Lo importante es transitar de una situación donde alguien pierde a una en la que todos ganan, y eso se lo consigue fundamentalmente dialogando. Pongámonos imaginariamente en el último conflicto entre el Gobierno y los cooperativistas mineros; si los actores hubieran priorizado la utilización del diálogo hasta las últimas consecuencias y no el conflicto hasta las últimas consecuencias, seguramente no se hubieran producido muertes.  

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) desde el  inicio de la democracia, en 1982, se dedicó a promocionar el diálogo social entre los actores sociales vinculados a las relaciones sociales. En estos eventos, algunos de ellos, con la asistencia de las organizaciones del más alto nivel que representan a los trabajadores, empleadores y, por supuesto, el Ministerio de Trabajo, se aceptó utilizar el diálogo como un mecanismo de concertación. Pero, lamentablemente, nunca o casi nunca se atrevieron a llevar a la práctica las enseñanzas que impartió dicha organización internacional. 

También la  Organización de Estados Americanos (OEA) implementó cursos con técnicas de negociación. La Fundación Friedrich Ebert no sólo la impulsó, sino también implementó programas como el "Debate laboral”, en el que se sentaban miembros de la COB, la CEPB y el Ministerio de Trabajo. 

Pero también organizaciones más pequeñas, como LABOR con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer, la cooperación Suiza invirtieron recursos y tiempo en la promoción del diálogo. La conclusión a la que uno puede llegar, después de haber presenciado y/o participado en muchos eventos de promoción de la concertación  es que falta voluntad política.  

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.
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