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Atando cabos

Ruptura del sindicalismo con el gobierno: ficción o realidad

Ruptura del sindicalismo con el gobierno: ficción o realidad
En la coyuntura actual una parte del "poder” del movimiento sindical -Central Obrera Boliviana (COB), Confederación General de Trabajadores Fabriles de Bolivia (CGTFB) y de sus federaciones departamentales y regionales afiliadas, de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB)- proviene de la relación que tienen con el Órgano Ejecutivo del Estado Plurinacional de Bolivia: Ministerio de Trabajo, Ministerio de la Presidencia, Ministerio de Gobierno, fundamentalmente. La otra parte de su "poder”  emana  de su propia organización: estructura sindical, mecanismos en la toma de decisiones, negociaciones colectivas con sus empleadores, las mismas que permiten a la alta dirigencia convocar a sus bases.

Hasta hace un mes y medio  algunos dirigentes de la COB  recibieron cuestionamientos  sobre la relación con el Gobierno del MAS y la pérdida de autonomía de la entidad sindical. Ellos contestaron que no podían perder la autonomía  porque ellos eran el Gobierno. La lectura de esa respuesta es que dentro el movimiento sindical existe una apropiación de la gestión de Gobierno encabezada por Evo Morales quien, además, es el Presidente de las federaciones de cocaleros del Chapare, que son parte de la estructura sindical. 
 
A partir del 16 de mayo, y a raíz del decreto supremo que autoriza el despido de los trabajadores de Enatex, considerada por algún sector de la dirigencia como el decreto hermano del 21060, se aprecia una ruptura, no total, entre el Gobierno y la COB, CGTFB y la FSTMB. 
 
La pregunta es ¿a quién conviene esta ruptura? Al Gobierno o al movimiento sindical? Estas podrían ser algunas respuestas: 
 
El Gobierno del MAS se siente cómodo y con un buen respaldo de la COB, pues esta organización sindical es representativa de los trabajadores asalariados e incluso de los no asalariados, que la consideran, por razones históricas, los defensores de los pobres. En esta época en la que las acusaciones de corrupción por el caso Fondioc, por las andanzas del presidente Evo Morales y las consecuencias en el tráfico de influencias en los millonarios contratos con empresas chinas (caso CAMCE), han debilitado y provocado una pérdida de credibilidad, tanto del Presidente del Estado Plurinacional, así como de la gestión de sus ministros, en particular del de la Presidencia. 
 
Sería muy peligroso para los objetivos de corto y largo plazo del Gobierno que la COB sea parte de las voces que juzgan sus actuaciones.  Por ello, una ruptura del pacto de facto entre el movimiento sindical con el Órgano Ejecutivo sería perjudicial para el Gobierno. La pérdida de legitimidad sería mucho más evidente que la que se percibe ahora; es decir, la debilidad del Gobierno sería más incuestionable. El Gobierno del MAS sería percibido únicamente como el gobierno de los sectores rurales o, lo que es peor, como el gobierno de los productores de la hoja de coca del Chapare.
 
Por otro lado, el movimiento sindical dejaría de ser el interlocutor válido entre los trabajadores y el Gobierno, esto les restaría convocatoria. Pero perdería algunas comodidades (edificios, vehículos, etcétera) que tienen ahora producto de la relación de prebenda  entre los dirigentes sindicales (no con la organización) y el Estado.
 
Por ello, ante una eventual ruptura ambos son perdedores (unos más que otros). Lo más lógico parece ser que en el cortísimo plazo estos conflictos pasen a convertirse en desavenencias entre ellos y luego desaparezcan y todo vuelva a la normalidad anterior estoy lejos de considerar que la situación actual es parte de una obra de teatro).
 
El conflicto originado por el despido de trabajadores existe, es real. 

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.
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