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Atando cabos

Conflicto laboral: entre la libertad y la estabilidad

Conflicto laboral: entre la libertad y la estabilidad
Pasó el conflicto entre la Central Obrera Boliviana (COB) y el Gobierno por el cierre de Enatex. Muchos esperaban ese resultado, otros creíamos que éste era el inicio de un proceso por el cual el sindicalismo nacional recuperaba la libertad sindical. 

El conflicto de Enatex no es otra cosa que la continuidad de una larga lucha de los trabajadores por la estabilidad laboral. A nadie le gusta perder su puesto de trabajo. Desde 1985 el movimiento sindical se puso como objetivo derogar el Decreto Supremo 21060, en particular el artículo 55 que establecía la libre contratación. 

La interpretación de los trabajadores, basado en experiencias concretas, era el libre despido y no la libre contratación con sujeción a la Ley General del Trabajo. Es más, en algunos memorandos de despido, tanto en el sector público como en el privado, se aducía como causa al decreto 21060.  

Entonces, los dirigentes sindicales del sector fabril se asustaron al conocer el decreto 2765 que cierra la empresa Enatex  y, al mismo tiempo, se eche a la calle a más de 800 trabajadores. Pero no sólo eso, sino también que se crea una empresa y se afirma (artículo 10) que las relaciones laborales estén en los marcos del Estatuto del Funcionario Público, perdiendo de esta manera muchos de los derechos: sindicalización, estabilidad, etcétera.

Por ello los dirigentes sindicales del sector fabril vieron con pavor que las empresas privadas puedan acogerse al decreto y que se produjera despidos de trabajadores. Consiguen, luego de 20 años de lucha, que se derogue el artículo 55 del 21060 y, en el Gobierno, en cual participan o lo consideran propio, se inicia otra etapa de inestabilidad. 

Todo conflicto se inicia por un sector de trabajadores reclamando un tema. Con el transcurrir del tiempo concretan alianzas y el conflicto se masifica con la participación o incorporación de otros sectores con sus propias demandas. Así ocurrió, ingresaron los gremiales, estaban pensando hacerlo los choferes. Por ello el Gobierno se curó en salud y sin derogar el DS 2765 lo derogó, sin querer queriendo. De esta manera el Gobierno  capeó el temporal.

Las relaciones entre el Gobierno y la dirigencia sindical parecen marchar bien, pero entre los trabajadores de base, al parecer, se creó un clima de desconfianza entre el Gobierno y de la dirigencia sindical. Seguramente, más adelante, se escucharán y verán algunas manifestaciones que corroboren esta aseveración.

Por otro lado, la libertad sindical, inscrita en los estatutos de casi todas las organizaciones sindicales del mundo y, por supuesto, en el de la COB, es un principio que se volvió norma en la OIT. Generalmente, en el país se la interpreta como la autonomía de la organización de los trabajadores respecto al Estado y a los empleadores.  

Es una condición básica para el buen funcionamiento de los sindicatos. El accionar de la COB, no sólo en el último conflicto, sino en los últimos 10 meses, la está neutralizando. En realidad la libertad sindical desapareció.
 
 Quedó en el ambiente de los trabajadores y de la sociedad en general un tufo a que el sindicalismo nacional se convirtió en una correa de transmisión de las políticas gubernamentales.

Cuando el movimiento sindical asume actitudes de apoyo a las decisiones del Gobierno en temas diferentes a sus intereses, a los trabajadores no les interesa mucho; pero cuando las decisiones del gobierno tocan sus fibras íntimas, éstos salen a las calles y condenan duramente a los gobernantes y a los dirigentes. 

Pasó el conflicto, pero no podemos decir que los trabajadores de base estén contentos o que éstos hayan bajado la guardia.
 
Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.
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