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Atando cabos

Tinku político

Tinku político
No sé en qué se falló, pero creo que el país retrocede políticamente cada día que pasa. Son cada vez más violentos los enfrentamientos de las organizaciones sociales con las fuerzas policiales del Estado,  por temas que pueden ser tratados en una mesa de negociación. Pero no, los actores y el Estado prefieren darse cita en una de las carreteras para, luego de varias refriegas, recién sentarse a dialogar.

El diálogo social no sólo es concurrir a una mesa de debate para encontrar una solución a un tema. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) incluye dentro de este concepto todo tipo de negociaciones, consultas o intercambio de información entre los representantes del Gobierno y  de los actores sociales (generalmente trabajadores para la OIT) sobre cuestiones de interés común relacionadas con la política, la economía y todos los aspectos que tienen que ver con lo social.

Con base en dichas directrices, se organizaron en el país una gran cantidad de encuentros, cursos, seminarios, talleres  en  los que se utilizaron una diversidad de técnicas para hacer entender; tanto a los distintos gobiernos, a las distintas organizaciones de trabajadores, de campesinos, etc., así como a las organizaciones de empleadores, el valor que tiene, en la construcción de una sociedad democrática el llegar a consensos o acuerdos entre los contrarios.  Pero lo que se impone es la práctica de las organizaciones sindicales que desde la década de los años 20 del siglo pasado,  participaron en jornadas de lucha épicas con saldos trágicos. Con base en esa tradición, por ejemplo, para que  un sector dirija  la COB,  no se reconoce el número de afiliados de una organización,  sino el espíritu combativo de la misma. 

El actual Gobierno tiene fuertes raíces sindicales, es más, sus dirigentes mostraron sus primeras cartas credenciales bloqueando las carreteras u organizando las denominadas guerras del agua o del gas. Los nuevos socios que se plegaron a su esquema gubernamental también provienen de esa lógica guerrera. Por lo tanto, cuando existe una controversia de las organizaciones sociales con el Estado, ésta se soluciona en dos fases: Primero el Tinku político donde los actores sociales y el Estado   muestran su fuerza. Como el Estado siempre tendrá mayor capacidad, estos encuentros  provocan la debilidad de la organización. Luego se dan cita  para negociar, donde el Estado es el que propone la solución y por último todos  se felicitan. 

 El último conflicto donde tuvimos que lamentar la muerte de cuatro ciudadanos bolivianos, se enmarca en esta lógica guerrera que tienen las organizaciones sociales cuando demandan algo al Estado. Sin embargo, a lo que nos está conduciendo es a mostrar un espíritu agresivo de los bolivianos,  un espíritu que nos aleja cada vez más de los parámetros democráticos en los que se mueven la mayoría de los países del mundo.

Las instituciones, personas que creemos en la democracia, creemos en la importancia del diálogo para encontrar soluciones, no podemos bajar la guardia, tenemos que redoblar esfuerzos en la construcción de organizaciones sociales más democráticas, más comprometidas con sus militantes. Pero también se tiene que hacer esfuerzos para que las instituciones del Estado, Asambleas nacionales, departamentales, concejos municipales, Órganos Ejecutivos, Judiciales, comiencen a transformarse y asumir posiciones más democráticas; en otras palabras,  dar su espacio a las minorías políticas y sociales. Mientras sigan las instituciones funcionando al calor de la lógica de la fuerza, seguramente observaremos más eventos como el de la semana pasada.

Rodolfo Eróstegui es experto en temas laborales.
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