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Atando cabos

Estabilidad o propiedad del puesto de trabajo

Estabilidad o propiedad del puesto de trabajo
Una sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) repuso el preaviso en las relaciones laborales, el mismo que fue eliminado el año 2006, mediante el DS 28699 que dispone que un  trabajador despedido, por causas no contempladas en el artículo 16 de la Ley General del Trabajo, podrá optar por el pago de los beneficios sociales o por su reincorporación a la empresa. De esta manera se pasó de la libre contratación, establecida en el DS 21060, a la estabilidad plena del trabajador en su fuente laboral. Esto es lo más parecido a la propiedad del puesto de trabajo. 

 Después de tres años de emitido el decreto antes mencionado, se aprueba la Constitución Política del Estado, que en su  artículo 49 – III   señala taxativamente que el Estado protegerá la estabilidad laboral y que se prohíbe el despido injustificado, y toda forma de acoso laboral. La Ley General del Trabajo (artículo 12) protege la estabilidad laboral desde 1939 al señalar que los contratos indefinidos pueden ser rescindidos sin previo aviso a la otra parte, conforme a las siguientes reglas : 1) Tratándose de contratos con obreros, con una semana de anticipación, después de un mes de trabajo ininterrumpido; con 15 días, después de seis meses y con 30, después de un año; 2) Tratándose de contratos con empleados con 30 días de anticipación por el empleado y con 90 por el patrono, después de tres meses de trabajo ininterrumpido. La parte que omitiere el aviso abonará una suma equivalente al sueldo o salario de los periodos establecidos. 

 La Ley 1182 establece que los contratos de trabajo pueden convenirse o rescindirse libremente en conformidad a la Ley General del Trabajo y sus disposiciones reglamentarias. Los inversionistas deben respetar, asimismo, el Régimen de Seguridad Social vigente en el país.
 La estabilidad laboral es  un principio que otorga carácter permanente a la relación de trabajo y su disolución depende únicamente de la voluntad del trabajador y sólo excepcionalmente de la del empleador, del incumplimiento grave de las obligaciones del trabajador, y de circunstancias ajenas a la voluntad de los sujetos de la relación que hagan imposible su continuación. 

 También este principio   otorga seguridad al trabajador, dado que evita que el trabajador se encuentre en un estado constante de riesgo de perder su empleo; es decir, sin estabilidad los trabajadores y sus familias vivirían con inseguridad del presente y del mañana. Se supone que con esta medida de seguridad otorgada al trabajador se crea un sentimiento de adhesión y colaboración con la empresa.

 Ante esta situación los empleadores pueden apelar al ius variandi, que los faculta a realizar cambios en  las formas y modalidades en el proceso de trabajo, en los marcos de ciertos límites para no alterar las modalidades esenciales en las condiciones del contrato, y tampoco causar perjuicios materiales y morales al trabajador. Con esta facultad el empleador no pierde su facultad de organizar y dirigir el trabajo en su organización, pero enmarcado en su razonabilidad, funcionalidad y  que no ocasione perjuicio material al empleado. 

 La pregunta es ¿con el debate actual sobre la estabilidad laboral se le está dejando margen al empleador para hacer uso del ius varandi? Al parecer, por la posición de los trabajadores y por las declaraciones de algunos funcionarios estatales, así como de asambleístas, lo que se estaría pretendiendo es otorgar al trabajador la propiedad del puesto de trabajo. No quiero ingresar al debate señalando que gracias a estas disposiciones los empleadores no realizarán inversiones y, por lo tanto, el desempleo crecerá. Pero lo cierto es que a base de estas normas se hace más difícil elaborar proyectos de inversión, ya sean grandes o chicos.

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales
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