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En riesgo de extinción

El reino de la simulación

El reino de la simulación
La sociedad da licencia a espacios y situaciones donde resulta aprobado y provechoso que simulemos. En una representación teatral estamos al tanto que lo que ocurre en el escenario  es una representación, no "la realidad”. Como espectadores no nos afecta estar conscientes de los disfraces y lo artificial de la escena, porque podemos -y queremos- dejarnos arrastrar y nos emocionamos, reímos o nos enfurecemos, genuinamente, por lo que se nos muestra, aunque sepamos que "no está ocurriendo”. Igualmente, los actores desempeñan sus papeles fingiendo, la mayor parte de las veces, que el público no está presente.

Muchos actos de cortesía de la vida cotidiana se fundan en una lógica parecida, que ayuda a lubricar nuestras relaciones, a ahorrarnos sonrojos y situaciones embarazosas.

La política se desarrolla en gran medida como una representación teatral y a los que suele irles mejor es a los más aptos para simular y aparentar. Pero, cuando se trata de los actos de los Estados y la información que tienen que entregar a la sociedad, a la que se representan y les da sentido, sobre lo que se hará, se está haciendo o se hizo, la simulación queda completamente fuera de cualquier convención. La regla que prevalece, bajo cláusulas precisas y explícitas, es que los funcionarios digan la verdad sin demora, sin complicaciones, con buena fe.

Dependiendo del tema, muchos gobiernos, tal vez todos, se dan maña para retrasar, adornar o introducir elementos confusos, cuando lo necesitan y, dependiendo de las leyes y tradiciones de cada país, pueden salirse con la suya o les puede costar caro.

En el nuestro, prácticamente ningún funcionario se siente obligado a cumplir con la constitucional obligación de informar al público y, aún más, demasiados, se comportan como si creyeran que su obligación es más bien fingir, simular -incluso demencia- porque en eso consistiría su servicio al Estado.

¿No es eso lo que pasa con la Viceministra de Medioambiente cuando llama a sus subordinados a callar sobre el proyecto de El Chepete, "hasta que haya información oficial”? El hecho que el estudio, realizado durante un año, esté bajo llave, no significa que no exista y, menos, que se pueda o deba ocultar al público. Ese proyecto que, de acuerdo a la amplia, pero todavía insuficiente información que ha llegado al público, será el más costoso de nuestra historia y uno de los que menores explicaciones lógicas tiene para llevarse a cabo, porque la energía que produciría  puede generarse, sin el tremendo daño socioambiental que acarreará, en otras ubicaciones, a mayor altura, sin bosques que liquidar, poblaciones que desarraigar, ni fauna y flora que liquidar. 

Al preguntar por qué se sigue avanzando y gastando en estudios, nuevamente los funcionarios simulan no saber de qué se les habla y nos conminan a esperar el resultado de los nuevos,  de los últimos estudios. Lo mismo si soy periodista o miembro de una familia, cuya vivienda y cultivos serán cubiertos por las aguas.

También se simula cada vez que los personeros del Ejecutivo dicen que los opositores, acusados y perseguido por fiscales y jueces, "están en manos de la justicia” y que el Gobierno "no se mete”. Como en el caso último del jefe de Unidad Nacional, en que la supuesta prescindencia del Ejecutivo se transgrede a cada paso, sin que quiera aclarar qué objetivos persigue, porque, por mucho que porfíen en lo contrario, la búsqueda de verdad y de justicia son los grandes ausentes en las causas movidas por intereses partidistas. 

¿Será que se han dado cuenta que, al no haber cerrado legalmente la toma de acciones de Fancesa,  se está acumulando una enorme deuda y que su "regalo” a Chuquisaca terminará convertido en una factura monumental, heredada al departamento? ¿Están tomando acciones preventivas? ¿O están tratando de influir en la disposición de las fichas electorales, anticipadamente?

No es posible saberlo con certeza, porque siempre terminan simulando que no lo saben, que no conocen, que el tema les es ajeno. 

También insisten en que ajeno es el tema de la reelección, porque serían los seguidores y los fans que lo impulsan, no los candidatos a habilitarse. Pero tantos esfuerzos y tan continua simulación no engañan más a nadie. 

Roger Cortez  Hurtado es director del Instituto Alternativo.
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