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En riesgo de extinción

Del proyecto nacional a la defensa de los cargos

Del proyecto nacional a la defensa de los cargos
La importancia de tener y mantener un empleo suele ser crucial en la vida de las personas. Eso es lo que vuelve a probar, en pleno auge de la fase más avanzada de la reproducción ampliada capitalista en Bolivia, el resultado del último congreso del MAS. La vehemencia y devoción con que los asistentes, incluido en primer término el Presidente, han renovado su determinación de quebrar cualquier límite para habilitar su reiterada candidatura para un nuevo mandato, deja claro testimonio de ello.

El empleo supone una preocupación mayor no sólo para los profesionales de la política, porque además de su función básica, que consiste en permitirnos afrontar, mal o bien, los costos de nuestro mantenimiento vital, opera como justificativo social del rol que cumple cada individuo. De allí, que una de las más ingratas facetas del desempleo es reconocer ante los demás que uno lo está viviendo.

La desesperación que nos embarga cuando no estamos empleados puede superar la que acompaña a la escasez económica y puede convertirse en cuestión de identidad; el verdadero ser o no ser de estos tiempos.

La ventaja relativa de los políticos profesionales en este campo es que para ellos ocupación y empleo se funden en uno solo, de manera que un opositor, privado de cualquier tipo de empleo, puede justificar su existencia, en términos épicos inclusive, por la real o presunta nobleza de su quehacer político.

Esto no se aplica a la dirigencia del MAS, porque la década que lleva adherida al usufructo de los cargos públicos la ha conducido a la convicción de que fuera del control del poder no es nada y que, por lo tanto, perder el poder es perderlo todo. Da la impresión de que la gran mayoría de estos dirigentes se han convencido que fuera de su carrera política, existe simplemente un vacío, que los anulará completa y definitivamente, se perderán sin dejar huella, así hayan participado protagónicamente en algunas de las obras más destacables y perdurables de la gestión.

Más allá de la psicología, dicho temor se conecta con una percepción brumosa de que el imponente proyecto que les permitió ocupar un lugar tan destacado en la historia del país está mostrando señales que, tal como ha sido conducido,  ha llegado a vaciarse de contenido y pervive aferrado sólo a sus formas y ceremoniales. 

Puntero en un principio de causas nacionales, populares y ambientales, va virando hasta negarse a sí mismo. La retórica antiimperialista, que persiste como escudo defensivo, no puede ocultar su apuesta por el endeudamiento masivo y el consiguiente incremento de la dependencia económica, y política, ni por el corporativismo que trae división, ni enfrentamiento de sectores populares, ni el abandono absoluto de todo intento de armonizar el modelo económico con el cuidado de la naturaleza. 

De allí que el acento de la gestión y el deseo de perdurar responden en la actualidad, casi exclusivamente, a la búsqueda de capitalización individual y grupal de bienes, poder y fama.

El plan económico de la llamada agenda patriótica, que viene a ser su mayor excusa para justificar el continuismo, es donde se nota el agotamiento sustancial de su propuesta, porque su programación de caras y ampulosas obras se ha divorciado de la satisfacción de las necesidades sociales, incluyendo las de nuestra simple sobrevivencia y del desenvolvimiento de un proyecto que no choque frontalmente con la vida, y las fuentes que la sustentan. El tosco industrialismo de su enfoque, lejos de reconciliarlo con sus orígenes, genera las condiciones de una ascendente crispación social y política que obstaculizará sus maniobras para prorrogarse.

La obsesiva repetición de la principal propuesta del MAS, que es reelegirse ahora, mañana y siempre, simplemente asegura que sus dirigentes están dispuestos a cualquier cosa para tratar de materializarla. Este empeño por mantener posiciones de poder arbitrio para suscribir contratos o conceder licencias, discrecionalidad para protegerse y no rendir cuentas, confronta al régimen con la Constitución, y a los representantes con sus representados de manera prácticamente definitiva.  

Roger Cortez  es director del Instituto Alternativo.
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