La Paz, Bolivia

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En riesgo de extinción

Una agenda anacrónica y destructiva

Una agenda anacrónica y destructiva
La crisis del agua que golpea a La Paz desde hace meses ha tenido la virtud de arrojar una nueva y decisiva luz sobre varios grandes problemas del país y la necesidad de encararlos de una manera radicalmente distinta a la que ensayan y proponen quienes nos están gobernando.
 
Así, mientras ellos concentran su atención en hallar una imposible ruta que conduzca a legitimar la reelección perpetua, queda cada día más claro que las esenciales cuestiones que no resolvieron no se solucionarán y, más bien, empeorarán con su permanencia.

Cuando en cinco capitales de departamento (Cochabamba, Potosí, Sucre, Oruro, La Paz) no se garantiza  el abastecimiento de agua para su población, en tanto que Santa Cruz, la más grande, confronta tangibles amenazas de contaminación de sus fuentes, queda completamente al descubierto que los administradores del poder han perdido la capacidad de discernir lo importante de lo urgente y lo imprescindible. 

Se les ha escapado, completamente, el hecho de que el devenir histórico ha llegado a un punto donde la contradicción entre la humanidad y la naturaleza es la que se impone, y articula a las demás. Supuestamente tendrían que saberlo y entenderlo, mejor que sus competidores electorales, porque sus declaraciones y documentos tuvieron la primicia, y mantienen la delantera en la retórica de los derechos de la madre tierra y del desenvolvimiento económico armonioso con el medio ambiente; pero, claramente, el discurso, ya no puede ocultar tanta inconsecuencia, porque sus acciones y propuestas concretas, basadas en ideas y modelos previos a la era del desastre ambiental, nos empujan hacia el abismo.

La suma del extravío estratégico, la incompetencia y decadencia de la gestión, tanto como la predisposición a sacrificar el interés colectivo, por la atención de las presiones corporativas de los grupos que componen al bloque gubernamental, enceguece a los conductores del Estado.

Así, los objetivos de su agenda 2025, allí denominados los 13 pilares (erradicar la pobreza extrema, universalizar los servicios básicos, desarrollo integral con respeto de la madre tierra, etcétera) que resultan incuestionables y, no por casualidad, prácticamente idénticos a los objetivos del desarrollo sostenible de Naciones Unidas, son esencialmente incompatibles con los medios que tratan de utilizar para lograr esas metas. 

Como ejemplo, "estrellas” de su plan de inversiones, megarepresas como la del Chepete (Bala) no sólo desboscará grandes áreas (unas 70.000 hectáreas), sino que esterilizará, degradará y corromperá la cuenca del río Beni, uno de los principales del país por centenares de kilómetros, asfixiándonos en deudas e incrementando nuestra dependencia política y financiera.

Se nos dice que es indispensable hacerlo para recaudar las divisas que faltan por la caída de precios y disminución de  demanda de gas natural, pero se oculta que invirtiendo menos de la décima parte en desarrollar el potencial turístico de las joyas naturales, que son el Madidi y Pilón Lajas, nos permitiría cumplir ese objetivo y otros no menos importantes en un tiempo muchísimo más breve, y, lo que es más importante, sin atropellar derechos indígenas, ni liquidar biodiversidad, bosque y fuentes de vida.

Una inversión de 7.000 millones de dólares (que según la experiencia internacional se convertirán en 10.000 o 12.000) que empezaría a redimir ganancias (si tuviera comprador) dentro de 10 a 15 años, resulta un atentado directo contra la economía y las finanzas nacionales y un delito de lesa humanidad, y lesa naturaleza, cuando debemos preservar y emplear a nuestro favor las fuentes de vida (agua, oxígeno, biodiversidad), en vez de liquidarlas.

Cuando existan compradores para la electricidad que se quiere generar tenemos que partir de los estudios iniciales realizados por ENDE hace años, para generar en la parte alta de las cuencas, lejos de la selva y las áreas pobladas. Resolvamos los problemas de alimentación, abastecimiento de agua, provisión de servicios sanitarios, de la creación de empleos dignos y desechemos los programas proselitistas que derrochan nuestros ahorros y cierran el paso a nuestras oportunidades.

Roger Cortez es director del Instituto Alternativo.
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