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Colombia debe optar por el perdón

Colombia debe optar por el perdón
Es importante destacar dos hechos históricos. Por un lado, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, logró firmar un acuerdo de paz, lo cual no pudieron sus antecesores. Por otro, Timochenco pidió perdón por los horrores cometidos en la guerra. La suscripción fue aplaudida hasta por el Papa. Y Santos, de manera muy merecida, obtuvo el Nobel de La Paz, a pesar de una Colombia polarizada.

 Ingrid Betancourt, que fue secuestrada, afirmó que el premio debieron dárselo también a las FARC por motivos de reconciliación. Nada más equivocado porque el premio se da a los gestores, no a los culpables. Además, hubiera causado indignación en la mayoría de los colombianos. Parecería estar afectada por el Síndrome de Estocolmo.

 Cualquier persona razonable aceptaría que es mejor suscribir un acuerdo defectuoso a que  continúe una guerra civil que duró 52 años, dejó 220.000 muertos, 6 millones de desplazados y una sociedad moralmente destruida.

 El Gobierno colombiano convocó un plebiscito sobre el Acuerdo de Paz en Colombia para refrendar su iniciativa. Muy arriesgado. Y, contra todo pronóstico, ganó el No con 50,2%, contra el Sí con 49,7%. Hubo 60% de abstención.

 El No ganó porque las víctimas aún no perdonan ni olvidan las atrocidades cometidas por las FARC. También porque el Gobierno les otorgó demasiadas concesiones. Pero si no se las daban, sus representantes no firmaban y continuaba la guerra.

 Todos los colombianos quieren la paz, pero no con tantas ventajas para los guerrilleros. Las víctimas buscan que se los castigue por haber deshecho a su país y a la sociedad. Además, quieren resarcimientos económicos y que no se inserte a los guerrilleros en la vida política del país. Están cargados de dolor que no pueden olvidar. Pero el rencor no les devolverá a sus familiares y amigos muertos y desaparecidos. Si bien hay que ponerse en sus zapatos, es mejor optar por el perdón y el olvido, tarea difícil, pero no imposible.

 Las FARC gozarán de impunidad a pesar de sus atroces crímenes. Apenas cumplirán penas que serán de servicio a la comunidad, se les otorgará 10 curules en el Congreso, se les proporcionará medios de comunicación para difundir su ideología, se les dará remuneración económica con los impuestos de los colombianos para que dejen de delinquir, a pesar de que son millonarios porque el narcotráfico ha financiado la guerra y Colombia es el mayor país exportador de cocaína; podrán insertarse en la sociedad con la libertad de hacer un partido político y postularse a la presidencia, aunque se cree que jamás los elegirán por su oscuro historial. 

 Ahora se ha entrado a una nueva etapa de diálogo, ya que el plebiscito no es vinculante y los guerrilleros están dispuestos a renegociar. Esta vez los expresidentes Uribe y Pastrana (artífices del No) se presentan como garantes. Uribe exige que miembros de las FARC paguen con cárcel sus crímenes y se opone a que se postulen y ocupen cargos políticos.  

La búsqueda de la paz es un camino sin retorno. Sin duda, era mejor que se logre previamente un consenso interno para negociar con las FARC y evitar que gane el No. El rechazo al plebiscito fue clave para que en próximas negociaciones se quite concesiones a los guerrilleros.



Verónica Ormachea Gutiérrez es periodista y escritora.
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