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Desocupado lector

Estudios culturales o literatura

Estudios culturales o literatura
El organizador de las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana, recientemente realizadas en La Paz, Guillermo Mariaca (antiguo profesor durante mi escasamente productivo paso por las aulas de la carrera de Literatura, años ha), se ha quejado de la exigua asistencia de los estudiantes de esa carrera al evento, que tuvo, siempre, según Mariaca, nada menos que 650 exposiciones o expositores. Su argumento es contundente, pero me temo que es excesivamente cuantitativo: "un estudiante que hubiese asistido a las JALLA hubiese recibido 90 conferencias y sólo hubiera perdido tres clases”. 

 Cuando, un día antes de la clausura de JALLA, asistí a la ponencia de la señora Elvira Espejo, pude comprobar, al darle una mirada al programa, la profusa oferta académica que en efecto se había brindado, pero debo decir que dudo que sea tan fértil para un estudiante de Literatura, por lo menos lo que yo entiendo por Literatura. No voy a usar maliciosamente títulos harto desconcertantes para cualquier persona interesada en las letras, como "Revisión crítica del impacto de productos en proyectos concursables: análisis del caso de la ciencia jurídica en Chile” (prefiero considerarlo el fruto de una confusión congresal con la carrera de Derecho) o "La odisea del transeúnte en la transición hacia la gran urbe en Colombia. Representaciones en la prensa sobre el caos de la modernización de Medellín y Bogotá, 1920-1950”. Me remito más bien a títulos más típicos de estos eventos, cosas tales como "La performance de la violencia extrema en Perú: el cuerpo y sus usos en La teta asustada de Claudia Llosa y La sangre de la aurora de Claudia Salazar Jiménez” o "Posmodernidades 
postdictatoriales: la implosión de la modernidad latinoamericana en la obra de Roberto Bolaño”, o "Sortilegio II y Chango el gran putas: reverberaciones de los orikies yorubas y la cosmovisión bantú en Abdías do Nascimento y Manuel Zapata Olivella”. 

A este culturalismo latinoamericano presuntamente literario hay que agregarle además el tufillo inconfundible de la insoportable izquierda latinoamericana actual. En la sesión de clausura del día siguiente, un profesor mexicano (de quien se decía que tenía por gran mérito haber sido el tutor de tesis del Subcomandante Marcos), se lanzó unas parrafadas anticapitalistas insufribles que me transportaron violentamente a los años setenta y ochenta, mucho más si, espantado, salí a tomar aire y un cafecito expresso para levantar cabeza, encontrándome en el atrio con un homenaje cantado al mayor dinosaurio político latinoamericano: los 90 años del sátrapa "Fidel”.

Y luego, en medio de la clausura, pasaron al frente varios "hermanos” brasileños con sendos carteles que rechazaban simbólicamente el "golpe” contra Dilma. Esto mientras por esos días, en la diminuta Nicaragua (motivo por el cual nadie pone demasiado el grito al cielo ni se preocupa), el tiranuelo Daniel Ortega decretaba un régimen de partido único y de presidencia vitalicia junto a su esposa. A nadie se le ocurrió en esa asamblea presuntamente bienintencionada decir algo acerca de esa grosería 100 veces más antidemocrática que los devaneos parlamentarios de la derecha brasileña.

Por su parte, en su ya mencionada charla, Elvira Espejo remató una interesante descripción de cómo preparan las campesinas sus tejidos, desahuciando a Newton por su carácter europeo. Algo así como "nosotros los andinos tenemos nuestra propia teoría de los colores”, dijo la directora del Musef a manera de terminar su participación.

"Si vivimos en compañía de Shakespeare por un momento quizá podamos recobrar la plenitud de la vida y tornar a descubrir el camino que conduce a su unidad ahora perdida”, dice el filósofo Allan Bloom en Gigantes y enanos.
 
Interpretaciones sobre la historia sociopolítica de Occidente”. Estoy muy lejos de aceptar de buenas a primeras afirmaciones como "unidad perdida de la vida” o "plenitud de la vida”, pero en lo que sí acompaño al profesor Bloom, y a otros que discrepan con los estudios culturales que han invadido las facultades de Humanidades del mundo entero, es en el profundo escepticismo sobre la utilidad formativa de estas investigaciones.

 Para poner las cosas nuevamente en términos numéricos: un joven que intente durante toda una mañana leer a Tolstoi o Proust obtendrá, creo yo, mayor disfrute y enseñanzas literarias que 100 conferencias magistrales parecidas a las que he comentado.

Walter I. Vargas es ensayista  y crítico literario.
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