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Padres felices de cuidar a sus hijos mientras las esposas van al trabajo

Existen situaciones en las cuales definir quién se queda en casa a cuidar a los hijos y quién continúa trabajando se asume con naturalidad.

Padres felices de cuidar a sus hijos mientras las esposas van al trabajo

Victor Gutiérrez/ Página Siete. Varones relatan sus experiencias sobre el cuidado de los niños

J. Carlos Palacios  / La Paz

Los varones necesitamos cargarnos de mucha más responsabilidad de la que nos han dotado durante siglos. Responsabilidad a la hora de compartir y cuidar de los nuestros al mismo nivel que las mujeres. No se trata sólo de defender a la familia, pues eso lo puede hacer la mujer también, sino de cooperar, así resumen Juan Antonio Sanz y Andrea Lastrucci su actual vida como padres "cuidadores” de sus hijos y del hogar, donde cumplen todas las tareas que habitualmente están "reservadas” sólo a las mujeres, mientras sus esposas trabajan.
 
Ellos también celebrarán hoy el Día del Padre porque sus esposas son bolivianas.
 
Esta forma "no tradicional” de vida en familia tampoco responde a la habitual visión de acuerdo 
conyugal, donde una de las partes es "forzada a ceder” algo, más bien demuestra que la atención a las necesidades particulares de cada hogar no está reñida con los proyectos personales, es decir, se armoniza un proyecto de vida en común.
 
Andrea, italiano, es agrónomo, conoció a Raquel (que es periodista) y en el 2010 nació su hija Maya, que se sumó a dos hijos más de un primer matrimonio de su esposa (Liber y Óscar, de 19 y 16 años). Todos viven en La Paz, pero Andrea reparte su tiempo entre la vida familiar y la atención de un balneario en Coroico, proyecto que tienen en común con su cónyuge.
 
Mientras que Juan Antonio es español, fue corresponsal internacional y de guerra en Rusia, Corea del Sur, Uruguay y Chechenia. En 2012 conoció a Lorena Cantó, tienen un niño de nueve años llamado Rodrigo y en 2015 nació la bebé Emma. Desde julio de 2016 viven en Cuba porque su esposa es directora de la agencia de noticias EFE en La Habana.
 
 "Yo no tenía muchos problemas culturales para ocuparme de los hijos y que Raquel continuara su vida profesional. Claro, se necesita un proyecto común con la propia pareja  y gracias a Dios hemos ido adelante hasta ahora, a ella le encanta su trabajo y continuar haciéndolo, mientras yo cuidaba a los hijos estaba bien”, explica Andrea.
 
Juan recuerda que trabajó en Bolivia, pero cuando nació Emma tuvo que ocuparse más de ella y dejó su trabajo en EFE. "Mi esposa se convirtió en delegada de esa agencia en Bolivia y la mejor manera de poder compaginar la vida familiar era renunciando yo a mi puesto”, dice.
 
Estas dos historias llevan a preguntarse, ¿dónde están los padres bolivianos cuidadores? Existen, pero dos de ellos, a los cuales este medio quiso entrevistar para conocer su experiencia de vida, lamentablemente rechazaron la solicitud por un simple y poderoso motivo: el machismo. 
 
Para la colectividad boliviana no es sencillo aceptar que los varones se queden en casa a atender el hogar, cuidar y educar a los hijos. El temor  a las burlas y mofas generadas por el entorno social aún es demasiado fuerte para estas personas.
 
Ya fueron cuidadores
 
Un rasgo común que comparten Juan y Andrea es que ambos ya fueron "cuidadores” durante su niñez y juventud.
 
"Bueno, soy el mayor de tres hermanos y cuando yo tenía ocho, nació mi hermana pequeña. Me tocó ayudar a mi madre con ella. Ahí aprendí a cambiar pañales”, recuerda Juan.
 
 Andrea añade: "En mi casa, mi madre trabajaba y yo y mis dos hermanas estábamos obligados a participar con fuerza en los trabajos domésticos. Yo he redescubierto muchos recuerdos de mi infancia gracias a esta experiencia. Por ejemplo, hago la masa para lasaña, tagliatelle y ravioli gracias a los recuerdos de mi abuela”.
 
Sin polémicas, ni debates
 
Ambos coinciden en que definir con sus parejas "quién se quedaba en casa a cuidar a los niños” y quién continuaba trabajando -los roles-, no fue un tema de debate, polémica o drama conyugal. Se asumió la nueva situación con naturalidad.
 
"Siempre me gustaron los niños y creo que yo les caigo bien a ellos. Para mí se trata de compartir con ellos momentos, más que ocuparme de ellos”, explicó Juan.
 
"Se decidió que era una mejor inversión mi tiempo en la casa”, rememora Andrea y añade, "Raquel sabía que quería disfrutar cada momento de su desarrollo. Cuando terminó su descanso de maternidad y volvió a trabajar, yo seguí cuidando de la bebé”. "Tenía 40 años, bastante para ser feliz por cuidar a mi hija”, confiesa.

 

Marco Viscarra le canta a su niña
 
Marco Viscarra Sotomayor estudió Derecho, pero su mayor pasión es la música, que es también la pasión de su esposa. Las melodías de su guitarra y su canto alegran a su niña, Luciana, que acompaña a su padre con una danza suave y pausada.
 
Él cuenta que su carrera musical comenzó a los 14 años con la tuna de la Universidad  Católica y a los  18 años comenzó  cantando con el grupo Los Telos, que interpretaba rumba flamenca, canciones nacionales y boleros.
 
En 2012 conformó el dueto lírico Alma junto a su esposa y actualmente es una de sus principales actividades económicas. Luciana es la fuerza vital y la inspiración de sus padres.
Marco también es  director y cantante de la orquesta Camaná y también forma parte de la Sociedad Filarmónica de Bolivia en canto lírico.
 
Ayer abrió las puertas a Página Siete para realizar una producción fotográfico al son de bellas melodías.

 

 

Juan Antonio Sanz:
De la guerra a los pañales

Juan Antonio Sainz, corresponsal internacional de guerra, estuvo a punto de morir en dos ocasiones, en una casi se ahoga en las costas de Japón y en otra por una mina en Chechenia. Ahora enfrenta a diario a la "popó” de su bebé Emma para proceder al urgente e inmediato cambio de pañales.
 
"He de reconocer que he sido yo quien se ha llevado de lleno los popós explosivos de Emma de bebé”, cuenta en tono divertido y aclara que durante la semana tiene el apoyo de una trabajadora del hogar, pero cuando se trata de atender a su bebé, él le dedica todo su tiempo. 
 
Su trabajo ya es más intenso los fines de semana. Cuando la mamá está trabajando, se queda solo con sus hijos mucho más tiempo, lo que involucra ayudar en las tareas escolares, "pasear y pasear”. Cuenta que a Emma le encanta servir la comida.
 
En cuanto a la educación, está empecinado en cumplir horarios, porque ello permitirá que sus hijos adquieran autodisciplina, "que es una virtud imprescindible para sobrevivir en estos tiempos épicos”, dice.
 
Pero, Juan no sólo enseña, sino aprende. Cuando empezó a ayudar a su hijo Rodrigo con sus tareas de francés, apenas hablaba ese idioma; ahora lo habla de corrido.
 
Consultado si no ha sentido alguna burla de otros hombres debido a su atención al hogar, responde: "Mi esposa es una mujer moderna, en el mejor sentido de la palabra. Ella no considera inferior a un hombre que puede dedicarse a los niños”, y añade que no es de su interés lo que piensen otras personas al respecto.
 
Eso sí, añade que tiene un secreto: "no sé manejar”, dice, por eso cuando salen en familia en vehículo, ella es quien conduce, él está en el asiento trasero con los niños.
 
El diálogo hubiera continuado, pero Juan dice: "Acaba de hacer popó Emma (...) los niños a veces tienen prioridades que no se pueden dejar sin atender, aunque Trump esté declarando la guerra a Rusia”.
 
Comprendemos la urgencia y terminamos la entrevista.
 
Andrea Lastrucci:
"Me gusta cocinar y ahorrar”
 
"Me gusta cocinar”, dice Andrea Lastrucci. Lo hizo de lunes a viernes durante dos años, en los cuales se encargó él solo de las labores de casa y de cuidar y educar a sus hijos. "Ocuparse de responsabilidades tradicionalmente femeninas no me avergüenza, más bien  me da oportunidades para emprender nuevos proyectos”, señala. Admite que no sabe planchar ropa, "pero si lo debo hacer, lo hago”, añade.
 
Andrea confiesa que al principio de sus labores de cuidador del hogar no era tan "abnegado”, hubo temporadas en las que inclusive contó con la ayuda de alguna trabajadora del hogar, pero a través del tiempo al parecer evaluó que era mejor ahorrarse el pago a una persona que mantenga en orden la casa y además pensó que si bien tal vez no llegaría a realizar los quehaceres hogareños tan bien como una trabajadora profesional, podría hacerlo "con más cariño para con los hijos”, indica.
 
"Mi tiempo en familia tenía valor porque (así) evitaba gastar dinero para (pagar) los servicios de otras personas”, justificó.
 
Pero, junto al "ahorro”, prescindir de una trabajadora del hogar fue tomado como una oportunidad de enseñanza y educación. Querían ver crecer a sus hijos en un hogar donde ellos aprendieran a mantenerlo ordenado y así independizarse de una tercera persona, ajena a la casa.
 
"Yo y mi esposa nos hemos liberado de la dependencia que nos daba una persona contratada (para atenderlos)”. "Nos costó bastante, tal vez no quede tan limpia, pero esperamos que nuestros hijos busquen también su propia independencia”, explicó.
 
Añade que a los niños les gusta participar de las tareas que realizan los adultos. "Si les pedimos ayuda aceptan con entusiasmo. Uno lava los platos y el niño seca. Cuando son más grandes es difícil (que colaboren) si no han aprendido antes”, explicó.
 
A Andrea le tiene sin cuidado las eventuales burlas que pudiera recibir de otros hombres por su presencia en el hogar: "tengo un nombre (Andrea) que es masculino solamente en Italia, no es un problema, tengo mi identidad sexual”.

 

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