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Leo tiene 14 años y ya construyó manos robóticas para él y dos niños

El joven cruceño radicado en Cochabamba hizo las prótesis con una impresora 3D. Es el disertante más joven de los Clubes de Ciencias y quiere ser biomédico.

Leo tiene  14 años y ya construyó manos robóticas  para él y dos niños

APG. Leonardo construyó su propia mano robótica.

Liliana Carrillo V. / La Paz

Leonardo Viscarra tiene 14 años,  una mano robótica que  construyó para sí mismo  y un sueño: "Quiero hacer prótesis para todos los niños de mi país que las necesiten”. El joven científico que  nació sin la mano izquierda  está convencido: "Nada puede vencerte”.
 
Lo sabe por experiencia propia. Tras varias pruebas y mucho trabajo, Leo logró construirse una mano robótica  a medida con una  impresora 3D. En los últimos meses  también  hizo prótesis para una niña de La Paz y para un pequeño de Santa Cruz.

Cuando Leonardo nació -el 24 de octubre de 2002, en la ciudad de Santa Cruz- se confirmó el diagnóstico prenatal: su mano izquierda no se había desarrollado  debido al Síndrome de Bandas Amnióticas (SBA). Es decir,  cuando estaba en  el vientre materno, la mano del bebé se  enredó en  bandas (cuerdas fibrosas)  presentes en el útero, lo que  restringió el flujo de sangre y atrofió  el miembro.
 
"El SBA  no es genético y no es causado por algo que hizo o dejó de hacer la embarazada. Hasta ahora  no se ha asociado con ningún factor de riesgo prenatal y es muy raro que se repita en un siguiente embarazo”, define la Enciclopedia Médica Infogen. Este síndrome ocurre al azar.
  
Curioso, alegre, inquieto, Leonardo siempre fue un niño brillante. Desde pequeño desarmaba sus juguetes a control remoto para "investigar”. "Cuando tenía ocho años  quería entender cómo funcionaban los motores y abría mis autitos para ver  qué encontraba”, cuenta ahora el joven que no ha perdido el acento oriental  forjado en sus primeros 12 años, antes de trasladarse a la ciudad de Cochabamba.
 
A los 10 años  ya arreglaba controles remotos y aparatos pequeños de sus vecinos. Entonces, le nació la idea de construirse una mano robótica que supla la que le faltaba. "Nunca me sentí mal, pero sí era difícil hacer algunas cosas, cómo empezar a escribir”, dice.
 
Grave a ratos y aguda, otros, la voz de Leo fluctúa al otro lado del teléfono. Cuenta que cursa el segundo de secundaria en el colegio Guadalupano y que tiene buenos amigos "que  lo apoyan en sus proyectos tecnológicos”.
 
Esos proyectos datan de hace al menos cinco años, cuando, con apenas nueve, él diseñó su propia prótesis que -según define él ahora- era muy básica: una especie de pinza. Luego, construyó otra mejor, pero que aún no era  del todo funcional.
 
"Entonces, gracias al apoyo del Rotary Club, obtuvo su primera mano mecanizada. Eso le cambió la vida”, cuenta el papá de Leo, Gonzalo Viscarra. Con ese modelo, el niño siguió probando nuevos diseños.
 
A los 12 años diseñó una prótesis hecha a medida sobre la  base de un modelo que sacó de internet. Con el proyecto  acudió al Instituto de Robótica Sawers, de Cochabamba, donde cada pieza fue materializada en una impresora 3D. Hecha de termoplástico, la nueva mano de Leonardo  tiene  hilos de nailon que recogen los movimientos de su muñeca y los transmiten a los dedos.
 
"Todavía puede mejorar, pero ya puedo agarrar cosas. Y vamos a seguir mejorando”, dice el joven, quien fue invitado a dar charlas magistrales por los Clubes de Ciencia de Bolivia.
 
Fue el disertante más joven del proyecto impulsado por Mohammed Mostajo, quien es  doctorante en Biología Molecular y Celular en la Universidad de Harvard, una de las más prestigiosas de EEUU. Mostajo alentó así al más joven científico: "Vamos, Leo; el país necesita más chicos como vos”.
 
"Me gusta estar en los Clubes de Ciencia; desarrollamos varios proyectos”, cuenta ahora el muchacho que en parte estudia robótica en  Instituto de Robótica Sawers, en el grupo  de Makers (constructores) de 17 a 18 años.  
 
Con su experiencia ha logrado construir prótesis para otros niños en situación similar a la suya: "Se las hice lo más económicas posible. Les han costado menos de 100 dólares”, explica. Esas manos robóticas, como  la que él se construyó, pueden llegar a costar 15.000 dólares.
 
Cuando se le pregunta por su futuro, Leonardo tiene un proyecto claro: "Voy a ser biomédico y cuando sea profesional quiero hacer  prótesis que sean gratis para todos los que las necesiten”, asegura convencido.
 
Comenta que siente "impresionado” con la presencia mediática que recibe a raíz de su aporte. "Me sorprende, pero que sirve para decirles a los chicos con problemas para que nunca se rindan. Que luchen siempre por lo que quieren”. Consejo de un luchador.

 


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